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Edades & Etapas

Muchos niños, no todos, tienden a caer dentro de una de las tres amplias y de alguna forma vagamente definidas categorías: fácil, lento para adaptarse o tímido, o difícil o desafiante. Estas etiquetas son una útil referencia, pero ninguna ofrece una imagen completa de un niño. Muchos padres encuentran más útil pensar en su hijo en términos de los nueve rasgos del temperamento.

El niño fácil responde al mundo a su alrededor de manera fácil. Su estado de ánimo es positivo y es de ligera a moderadamente intenso. Se adapta fácilmente a nuevas escuelas y personas. Cuando se enfrenta a una situación frustrante, por lo general lo hace con poca ansiedad, relativamente. Sus padres probablemente le describen como "un placer tenerle cerca". Aproximadamente 40 por ciento de los niños están incluidos en esta categoría.

Otro perfil temperamental puede revelar un niño un poco lento para adaptarse o niño tímido que tiende a tener estados de ánimo de leve intensidad, usualmente, pero no siempre, negativos. Se adapta lentamente a un lugar y a personas desconocidas, es vacilante y tímido al hacer nuevos amigos y tiende a alejarse cuando se encuentra con personas y circunstancias nuevas. Al enfrentar una nueva situación, él probablemente tendrá problemas de ansiedad, síntomas físicos o separación. Sin embargo, con el tiempo, él aceptará mejor a las nuevas personas y situaciones una vez se familiarice con ellos.

El niño difícil o desafiante tiende a reaccionar ante el mundo de manera negativa e intensa. De bebé, es probable que se le haya catalogado como un bebé inquieto. Durante la niñez, es probable que haya sido propenso a las rabietas o que haya sido difícil de complacer. En ocasiones es probable que todavía sea explosivo, terco e intenso y que no se adapte bien a las situaciones nuevas. Algunos niños con temperamentos difíciles pueden tener problemas para adaptarse a la escuela y es posible que sus maestros se quejen de problemas en clase o en el área de juegos. Cuando los niños tienen temperamentos difíciles, ellos usualmente tienen más problemas de comportamiento y causan más tensión en la madre y la familia.

De los tres tipos de temperamento, los padres se preocupan, y con frecuencia se exasperan más, cuando tienen un niño con los atributos de un temperamento difícil o desafiante. Sin duda, un niño que es negativo e intenso, no se adapta bien y es obstinado puede ser un desafío para sus padres. La mayoría de madres y padres se sentirán abrumados, culpables, enojados o incompetentes. Sin embargo, una vez los padres reconocen que estas características son innatas del niño y, aunque no sean ocasionadas por los padres, sí pueden ser intensificadas o moderadas por ellos, las madres y los padres probablemente cambiarán sus expectativas e iniciarán los esfuerzos por ayudar al niño a sentirse mejor.

Es importante distinguir un temperamento difícil de otros problemas. Por ejemplo, las enfermedades recurrentes o crónicas, o las tensiones emocionales y físicas, pueden ocasionar dificultades del comportamiento que realmente no son un problema de temperamento en absoluto. Los padres algunas veces también interpretan el estilo de relacionarse de un niño como inherentemente malo. Sin embargo, el temperamento de un niño solo es un problema cuando entra en conflicto con las expectativas de sus padres, otros miembros de la familia o los maestros. Por ejemplo, si un padre es intenso y ambicioso, y su hijo tiene buenos modales y es tranquilo, es posible que el padre se sienta decepcionado, frustrado y enojado. El niño, presionado por comportarse de maneras extrañas a sus inclinaciones básicas y a su personalidad innata, puede resistirse y ocasionar conflictos dentro de la familia.

Qué pueden hacer los padres

El problema está en camino a resolverse cuando reconoce y acepta la realidad de que existe una diferencia de temperamentos. Una vez reconoce que sus personalidades son diferentes, las tendencias de culpar al niño o de culparse usted mismo disminuirán. Usted debe saber que no hay nada malo con su hijo, y que usted no es un padre incompetente en la manera en que lo está educando o en que está reaccionando a su temperamento. Su desafío es comprender sus propias reacciones ante él y adaptar sus expectativas para que correspondan con sus capacidades. Debe modificar las estrategias de crianza de su hijo en cierta medida para garantizar una mejor "adaptación" entre usted y su hijo. Al mismo tiempo, debe ayudarlo a aprender a comprometerse, adaptarse y ampliar su repertorio de comportamientos y reacciones socialmente aceptables.

Una vez comprenda que en cierta medida el comportamiento de su hijo es un patrón innato y está más allá de su control, usted puede hacer el esfuerzo de volverse más paciente y de esa manera disminuir el estrés y tensión que su hijo siente. Cuando piense en el temperamento de su hijo en términos objetivos en lugar de reaccionar ante él de manera emocional e instintiva, usted y su hijo se relacionarán mejor. Si su hijo tiene un temperamento difícil cuando está en edad preescolar y si usted comprende y reacciona de manera adecuada, él probablemente modificará su comportamiento, y posiblemente no seguirá siendo difícil en sus años de edad escolar. Su intensidad se puede volver parte de su entusiasmo, determinación, encanto y fervor si se siente mejor sobre sí mismo y sobre su relación con los demás. Para que eso suceda, sus propias actitudes y comportamientos pueden desempeñar un papel importante en la manera en que él se adapte y exprese sus sentimientos.

Además, en las siguientes semanas y meses, evite etiquetar a su hijo como malo o difícil. Las etiquetas se adhieren y la familia no solo podría prejuzgar injustamente a su hijo, sino que también él podría percibirse como diferente, indeseable o simplemente inadaptable. Esta autoestima negativa puede interferir aún más con los esfuerzos, tanto suyos como de su hijo, por mejorar su manera de reaccionar ante situaciones difíciles y puede ocasionar conflictos emocionales más graves.

 

Última actualización
3/3/2014
Fuente
Caring for Your School-Age Child: Ages 5 to 12 (Copyright © 2004 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.