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Edades & Etapas

Algunos jóvenes, por un motivo u otro, tienen miedo de ir a la escuela. Aunque a veces pretendan estar enfermos, también pueden sufrir síntomas psicosomáticos, tales como dolores de cabeza, mareo, náuseas y dolor de pecho, mismos que son desencadenados por las emociones, pero -no obstante- son reales. No es de sorprenderse que los dolores y las dolencias relacionados con la tensión tienden a desaparecer durante el fin de semana y los feriados.

Qué puede hacer usted

Hable con su hijo adolescente sobre el motivo por el cual no quiere ir a la escuela. Es momento para ser compasivo; obviamente, hay algo que le molesta. Asegúrele que usted hará todo lo que pueda para resolver lo que sea que esté causándole tanta angustia.

Comuníquese con el director, un consejero y el enfermero de la escuela para que estén enterados de la situación. Si descubre que su hijo o hija sufre acoso o lo molestan en la escuela, insista en que la administración detenga la situación de inmediato. Todos los estudiantes deben poder recibir su educación en una atmósfera libre de abuso verbal o amenazas de violencia de otros niños.

En los días en que decida que su hijo se quede en casa y no vaya a la escuela, no le dé ningún tratamiento especial. Esto no debe malinterpretarse como vacaciones. No debe recibir visitas, y a menos que realmente se sienta enfermo, parte del tiempo debe invertirlo en una tarea escolar previamente asignada.

Después de tomar las medidas para rectificar las circunstancias que lo incomodan, insista en que su hijo adolescente regrese a la escuela de inmediato. Sea comprensivo, pero firme. Explique que cada miembro de la familia tiene un trabajo qué hacer y el de él es asistir a la escuela. No ceda a protestas o súplicas como, “¡Todavía no estoy listo para regresar! ¡Solo déjame quedarme en casa un día más!” Con frecuencia, el sentimiento de pánico se apodera de los jóvenes cuando salen por la puerta de la casa; al llegar a la escuela, usualmente ya están calmados.

Las fobias más graves podrían requerir que el regreso a la escuela se haga de forma gradual. Por ejemplo:

  • Día uno: asistir a una o dos clases favoritas, luego regresar a casa.
  • Día dos: pasar medio día en la escuela.
  • Día tres: de regreso a los días completos.

Solicite permiso para que su hijo pueda refugiarse en la clínica del enfermero o en la oficina del director, en caso de que la presión sea demasiado abrumadora. Un miembro del personal puede calmarlo y, se espera que, pueda animarlo para que asista a la siguiente clase.

Después de cinco días de ausencias a la escuela relacionadas a la ansiedad, es momento de visitar al pediatra. Él o ella pueden descartar una enfermedad física como la causa de los síntomas, además de remitirle a un profesional de salud mental, si es necesario.

 

Última actualización
12/2/2014
Fuente
Caring for Your Teenager (Copyright © 2003 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.