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Edades & Etapas

Al mundo lo manejan los triunfadores. Muchos podrían describirse a sí mismos como perfeccionistas, porque no están satisfechos sino hasta que han hecho su mejor esfuerzo. Los triunfadores desde una perspectiva saludable obtienen auténtico placer en brindar cualquier esfuerzo para generar el producto de la más fina calidad: un plan de negocios eficaz, una obra de arte o un programa informático bien diseñado.

Los triunfadores saludables disfrutan el proceso y la emoción que brota de su interior cuando trabajan a su máximo nivel. Reaccionan ante los plazos al generar justo la suficiente ansiedad para mantenerse con energía. Los triunfadores saludables ven los errores como oportunidades de crecimiento personal y como un ímpetu que los impulsa a aprender a rendir mejor la próxima vez. Ellos ven los fracasos como contratiempos temporales desde los cuales emergerá en rebote. Agradecen las críticas constructivas, porque con ellas se informan sobre cómo mejorar. Los triunfadores saludables pueden etiquetarse sin problema como perfeccionistas, pero son flexibles cuando su desempeño queda lejos de la perfección.

A diferencia de los triunfadores saludables flexibles, los perfeccionistas rechazan cualquier cosa que sea inferior a un rendimiento impecable. Aunque lo que producen puede ser de la más alta calidad, es posible que no experimenten la satisfacción de un trabajo bien hecho. No disfrutan el proceso de crear, porque se preocupan incesantemente por no desempeñarse tan bien como debieran. Tienen temor al fracaso, que es mayor a la alegría que experimentan con el éxito. Cuando se desempeñan bien, es posible que no lo noten, ya que les preocupan demasiado los errores que pudieron haber cometido o de qué forma pudieron haberlo hecho mejor. El astro del fútbol perfeccionista anota 3 goles, pero cuando sale cargado del campo en hombros de sus compañeros de equipo, se lamenta del tiro a penal que se desvió del arco. El perfeccionista obtiene un 96 en un examen, pero se siente frustrado porque no obtuvo un 100.

Los perfeccionistas ven cada error como evidencia de que son indignos o no son lo suficientemente buenos. Cuando otros elogian sus éxitos, ellos no confían en eso porque se ven como impostores cuyas fallas solo están esperando a que las descubran. Cuando se les critica directamente, se ponen a la defensiva, se abochornan o se avergüenzan. Hasta ven la crítica constructiva como un refuerzo a su ineptitud. Los perfeccionistas le temen a la adversidad. Carecen de flexibilidad para resurgir de la dificultad, porque los retos los paralizan. La idea de no hacer algo bien les impide correr los riesgos que la gente exitosa debe asumir para alcanzar su máximo potencial. Es posible que estén dotados de creatividad, pero se muestren vacilantes para dar el salto por miedo a decepcionar a los demás al hacer algo que se salga del marco. A los triunfadores saludables los impulsa la alegría de hacer, pero los perfeccionistas se quedan paralizados si lo que están haciendo decepciona a los críticos más exigentes (que, usualmente, son ellos mismos).

Queremos que nuestros hijos sean exitosos ahora y en el futuro. A medida que forjan los logros necesarios para la admisión en la universidad -calificaciones y actividades extracurriculares- debemos preguntarnos cómo están experimentando ellos el proceso. Si parecen disfrutar auténticamente sus compromisos y si el impulso emana de su interior, están destinados al éxito a largo plazo, porque podrán aprovechar la energía a lo largo de sus carreras profesionales. Pero si el impulso para obtener logros es complacer a los demás, ganar aceptación o el miedo a fracasar, es posible que no tengan el aplomo para toda una vida de éxito y felicidad. Tanto el perfeccionista como el triunfador saludable alcanzarán el prestigioso espacio en la universidad, pero los padres deben hacer su mejor esfuerzo por cultivar a un triunfador saludable, en lugar de a un perfeccionista.

Ciertamente, el “producto” no distingue entre el triunfador saludable y el perfeccionista. Ambos podrían alcanzar altas calificaciones en las pruebas SAT y participar en muchas actividades; asimismo, a ambos podrían aceptarlos en las mejores universidades Pero tenga en consideración el proceso: A un maestro de música que escribe la más fina sinfonía podría haberlo impulsado un saludable deseo de logro o la incapacidad de aceptar algo menos que una obra maestra. La diferencia radica en cuánto disfrutó él proceso, cuánto celebrará su sinfonía comparado con cuánto la menospreciará, además de qué tan rápido se hastiará. El producto final podría ser el mismo, pero el proceso fue o torturador o excitante.

 

Última actualización
5/19/2013
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.