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Edades & Etapas

Los perfeccionistas carecen de autoaceptación, un ingrediente realmente básico que todos necesitamos, si es que nos valoramos. Aún así, aceptamos que somos básicamente buenos, incluso cuando no nos volamos la barda. Seguimos siendo merecedores del aprecio de los demás, aun cuando estemos de mal humor. Nos sentimos bien en relación a nuestros esfuerzos, aun cuando el chico que se sienta al otro lado del salón sacó mejores calificaciones, produjo más o recibió más reconocimiento.

Estamos en lo correcto, porque la imagen que tenemos de nosotros mismos es más que un paquete de logros. Aceptamos y hasta posiblemente celebremos nuestra forma compleja de ser. No tenemos por qué ser una superestrella todo el tiempo y nos sentimos cómodos con la idea de que nadie puede ser una estrella en todos los escenarios.

De alguna manera, los perfeccionistas han aprendido que no son aceptados, a menos que satisfagan ciertas pautas. Ciertos rasgos de carácter hacen que las personas sean susceptibles a mensajes en cuanto a que no son lo suficientemente buenos, a menos que no tengan un solo error. Pero para convertirse en una fuerza impulsora en la vida de una persona, esos rasgos inherentes tienen que reforzarse desde algún punto. Por lo general, los perfeccionistas tienen la inseguridad global de que no serán aceptados. Desde luego, podrían haber obtenido esta inseguridad de algún modo por sus padres, pero también la pueden haber adquirido en la escuela.

“Esperamos que nuestros estudiantes ejemplifiquen los altos estándares de esta institución”; a juzgar por las expectativas de los amigos: “Para que encajes, necesitas...” y hasta por los medios de comunicación: “Para ser exitoso, debe tener este aspecto, hablar de esta manera, poseer esto, vestirse de esta forma”.

Vivimos en una cultura que le hace reverencia al éxito y apenas le presta atención a las personas comunes y corrientes que realizan su mejor esfuerzo. Cuando conocemos los nombres de figuras del deporte y grandes actores, pero olvidamos otorgar reconocimiento a los actos generosos de nuestros vecinos, les estamos enseñando a los niños que para no pasar inadvertido se necesita ser una estrella. Ciertamente, el proceso de admisiones a la universidad tiene gran culpa en este sentido, al generar la filosofía popular del candidato perfecto, bien equilibrado y brillante, quien lo demuestra con un grueso expediente de solicitud con altas calificaciones en las pruebas de evaluación académica (SAT), altos promedios en las notas de grado y altos puestos en la clasificación de su clase. La mayoría de padres de familia creen firmemente que nunca le dijeron algo directamente a sus hijos donde implícitamente le comunicaran que esperaban de él perfección. Muchos insisten en que sus palabras siempre refuerzan la importancia de la felicidad. Ciertamente, la mayoría de padres de familia sí envían el mensaje verbal correcto de aceptación incondicional. Para la mayoría de niños, el perfeccionismo puede provenir de otras fuerzas presentes en sus vidas. Pero queremos que los padres tengan en cuenta la posibilidad de que los niños pueden captar las señales de los padres que refuerzan su necesidad de ser perfectos, a pesar de las palabras que se usen.

Plantéese las siguientes preguntas, pero sea generoso con usted mismo si alguna de las respuestas le hacen darse cuenta que usted podría ser parte del problema:

  • ¿Es usted perfeccionista? ¿Es demasiado crítico con usted mismo? ¿Ha estado presente su hijo cuando usted acepta sus propias faltas?
  • ¿Juzga fácilmente a las personas? ¿A sus demás hijos? ¿Vecinos? ¿Otros chicos? ¿Maestros? ¿Es probable que involuntariamente haya enviado el mensaje de que puede ser sumamente crítico? ¿Es posible que su hijo haga cualquier cosa para no convertirse en blanco de sus juicios?
  • Si usted y su cónyuge o ex cónyuge pelean por sus hijos, ¿sería posible que ellos estuvieran haciendo cualquier cosa -ser lo más perfectos posible- para evitar que ustedes dos peleen? ¿Se mantiene usted tan ocupado que olvida prestar atención a los logros de sus hijos, a menos que obtengan un trofeo, una cinta distintiva o una A?
  • ¿Hay integrantes de su hogar que se sientan incómodos en expresar sus emociones? ¿Pierden los estribos usted o su cónyuge cuando se enojan? O ¿se recuperan fácilmente y hasta tienen relaciones más saludables luego de acaloradas expresiones de emoción? ¿La única forma de lograr armonía en su hogar es suprimir los problemas y fingir que todo es simplemente maravilloso?
  • ¿Les presta atención solo a los campeones o les da reconocimiento a otros jugadores que han practicado un juego limpio y justo?

 

Autor
Edited by Kenneth R. Ginsburg, MD, MS Ed, FAAP, FSAHM and Sara B. Kinsman, MD, PhD
Última actualización
11/1/2013
Fuente
Reaching Teens: Strength-based Communication Strategies to Build Resilience and Support Healthy Adolescent Development (Copyright © 2014 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.