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Vida Familiar

Un niño agresivo es aquel que golpea, muerde, intimida, demanda o destruye. Aunque la agresión es parte de la naturaleza humana, la mayoría de personas aprenden a manejar y controlar sus impulsos agresivos y a canalizarlos en actividades adecuadas y aceptadas socialmente.

La agresión es probable que se desarrolle particularmente en situaciones de peligro, ira, rabia y frustración. Como una tarea importante en la infancia temprana, los niños deben desarrollar la capacidad de manejar la agresión y reemplazarla con respuestas socialmente más aceptables. Cuando la mayoría de niños alcanza la edad escolar, su destreza para el afrontamiento está lo suficientemente desarrollada y su gama de destrezas sociales es lo suficientemente amplia y ellos generalmente pueden mantenerse calmados y ser colaboradores al enfrentar situaciones estresantes o desagradables. Tal comportamiento adecuado no les impide competir y luchar al competir.

Algunos niños de la escuela primaria aún no dominan las destrezas necesarias para manejar su agresión de manera eficaz. Su comportamiento varía desde golpear y tirar cosas hasta tener una rabieta. En el jardín de niños, los niños cuyo comportamiento agresivo es una amenaza para sus compañeros y para ellos mismos, deben recibir ayuda profesional. Otros niños, por lo general entre seis y nueve años de edad, en ocasiones tienen una regresión y exhiben un comportamiento agresivo cuando están bajo estrés extremo. En una relación de aproximadamente uno a siete, los niños tienen más problemas de regresión que las niñas; esto, debido a una combinación de factores, desde las tendencias agresivas innatas de los niños al hecho de que nuestra sociedad anima y acepta más el comportamiento agresivo de ellos.

Los niños socialmente inmaduros pueden expresar sus sentimientos negativos y hostiles de manera destructiva. Ellos pueden tener estallidos de agresión que dañen la propiedad (tal como sus propios juguetes o la propiedad de otro), tirar objetos, voltear muebles, romper lámparas o patear paredes. Estos comportamientos suelen desencadenarse por la frustración, el enojo o la humillación. Algunos niños que no han recibido suficiente atención positiva para su comportamiento socialmente más deseable desarrollan el hábito de recurrir a comportamientos negativos para llamar la atención de los padres.

Algunos de estos niños muestran un comportamiento antisocial más fuerte, llamados trastornos del comportamiento, tales como provocar incendios, ser crueles con los animales, lastimar a otras personas (física o emocionalmente) o mentir habitualmente. A medida que los niños crecen, este patrón puede evolucionar e incluir vandalismo y ausentismo escolar que, a menudo, se relaciona al abuso de alcohol y otras drogas. Este tipo de comportamientos inquietantes ocurren solo pocas veces en algunos niños, pero tienen implicaciones graves para su posterior desarrollo y su presencia debe dar lugar que un especialista en comportamiento infantil y problemas emocionales lleve a cabo una evaluación.

 

Última actualización
5/19/2013
Fuente
Caring for Your School-Age Child: Ages 5 to 12 (Copyright © 2004 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.