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Vida Familiar

El Panel de Asesoría Quirúrgica (Surgical Advisory Panel) de American Academy of Pediatrics (AAP), en respuesta a una recomendación del Grupo de Trabajo de subespecialidades (Subspecialty Work Group) de AAP y con la colaboración de las Secciones Quirúrgicas de AAP, ha creado directrices de referencia destinadas a servir como parámetros de práctica voluntaria para ayudar a los pediatras generales a determinar cuándo y dónde remitir a sus pacientes a especialistas en cirugía pediátrica. Se reconoce que las directrices aquí pueden ser difíciles de lograr. Las comunidades varían. Las especialidades se superponen, y más de 1 tipo de especialista pediátrico u otro especialista quirúrgico puede estar calificado para manejar un problema particular. Muchos de los problemas pediátricos complejos están óptimamente manejados por un equipo médico-quirúrgico en lugar de un especialista quirúrgico individual. Sin embargo, esto no niega el valor de las directrices, ya que el niño que necesita atención quirúrgica especializada es mejor atendido por las destrezas del especialista en cirugía pediátrica apropiado.

Las principales anomalías congénitas, tumores malignos, traumatismos mayores y enfermedades crónicas en los bebés y los niños deben atenderlas los especialistas quirúrgicos y médicos pediatras en centros de referencia pediátrica. Estos centros dedicados a los niños pueden aportar su experiencia en muchas áreas, incluyendo las especialidades pediátricas médicas y quirúrgicas, radiología pediátrica, anestesiología pediátrica, patología pediátrica y cuidados intensivos pediátricos. La atención óptima de los niños con problemas complejos, enfermedades crónicas o discapacidades requiere de la coordinación, la comunicación y la cooperación del especialista en cirugía pediátrica con el pediatra o médico de atención primaria del niño.

Cuando se ha identificado una condición quirúrgica, idealmente, debe llamarse a un especialista en cirugía pediátrica para abordar las cuestiones relacionadas con esta condición con la familia y el pediatra respectivo. En las áreas rurales en las que sería una dificultad para la familia y el niño recorrer largas distancias, la familia junto con el pediatra/médico de atención primaria debe sopesar las ventajas de viajar a un centro con un especialista en cirugía pediátrica para la atención quirúrgica. El pediatra o médico de atención primaria deben considerar llamar al especialista en cirugía pediátrica para discutir si se aconseja una consulta en los casos en que, geográficamente, el especialista no está cerca.

Sin embargo, finalmente, hay que señalar que las directrices son normas voluntarias para el manejo de la práctica. Cada pediatra debe hacer un juicio independiente en cada caso basándose en los hechos y circunstancias que se le han manifestado a él o ella.

Directrices de referencia para cirugías pediátricas en general

Un cirujano pediatra ha completado una capacitación de residencia de 5 años en cirugía general, además de una especialización de 2 años en cirugía pediátrica. Él o ella están certificados por la Junta Americana de Cirugía tanto en Cirugía General como en Cirugía Pediátrica. Con el fin de elaborar estas directrices, se utilizan las siguientes definiciones de grupos de edades: bebés (0 a 1 años), niños (2 a 12 años) y adolescentes (13 a 18 años).

  • El cirujano pediatra debe atender a los pacientes menores de 5 años que necesitan atención quirúrgica.
  • Los bebés y los niños con apendicitis perforada deben ser atendidos por un cirujano pediatra. Si un cirujano no pediatra hace el diagnóstico o sospecha el diagnóstico de apendicitis perforada en un niño, al niño debe trasladársele al cuidado de un cirujano pediatra.
  • Los bebés y niños gravemente heridos pueden ser estabilizados en un hospital local y luego se les debe trasladar a un centro de trauma pediátrico.
  • Los bebés, los niños y los adolescentes con tumores malignos sólidos deben ser atendidos desde el principio por un cirujano pediatra o especialista en cirugía pediátrica y un médico especialista en cáncer pediátrico.
  • Los procedimientos mínimamente invasivos (como la laparoscopia, toracoscopia) en bebés y niños debe realizarlos un cirujano pediatra capacitado en estas técnicas.
  • A los bebés y niños con condiciones médicas que aumentan el riesgo operatorio (por ejemplo, enfermedad cardíaca congénita) que deben someterse a un procedimiento quirúrgico común (por ejemplo, reparación de hernia) los debe atender un cirujano pediatra.

Con el fin de brindar una buena atención al paciente, se sugiere que un cirujano general que se ocupa de los problemas quirúrgicos pediátricos no incluidos en las categorías anteriores debió haber tenido un mínimo de 6 meses de rotación como residente de penúltimo o último año durante su residencia en cirugía general en un servicio de cirugía pediátrica a cargo de un cirujano pediatra. El énfasis en la rotación durante la capacitación debe estar en la cirugía de niños mayores de 5 años.

Un cirujano general que realiza cirugías en los niños que no se incluyen en las categorías anteriores debe cuidar a un número suficiente de niños al año para mantener un alto nivel de competencia y cada año debe asistir a cursos y reuniones de postgrado en cirugía pediátrica.

Directrices de referencia de otorrinolaringología pediátrica

Un otorrinolaringólogo pediatra ha completado una residencia de 4 a 5 años en otorrinolaringología/cirugía de cabeza y cuello y está certificado por la Junta Americana de Cirugía Otorrinolaringológica. Además, él o ella han completado 1 o 2 años de especialización capacitándose en otorrinolaringología pediátrica. Con el fin de elaborar estas directrices, se utilizan las siguientes definiciones de grupos de edades: bebés (0 a 1 años), niños (2 a 12 años) y adolescentes (13 a 18 años).

Los siguientes pacientes deben ser remitidos a un otorrinolaringólogo pediátrico:

  • Bebés, niños y adolescentes con malformaciones congénitas de las estructuras de la cabeza y del cuello, incluyendo el oído, las fosas nasales, la cavidad oral y las vías respiratorias laringotraqueales.
  • Bebés y niños con deficiencias sensoriales, como la pérdida de audición conductiva o neurosensorial, trastornos vertiginosos, parálisis verdadera de las cuerdas vocales unilaterales y bilaterales, parálisis del nervio facial y disfunción oromotor evidenciada por el habla, la deglución, o un problema de babeo.
  • Bebés y niños con trastornos otorrinolaringológicos adquiridos que implican el oído (por ejemplo, colesteatoma), la faringe (por ejemplo, hipertrofia amigdalar obstructiva), la vía aérea laringotraqueal (por ejemplo, estenosis laringotraqueal post intubación), el tracto aerodigestivo (por ejemplo, aspiraciones de cuerpo extraño) y el esqueleto facial (por ejemplo, trauma maxilofacial).
  • Bebés, niños y adolescentes con neoplasias o malformaciones vasculares de las estructuras de cabeza y cuello, incluyendo la vía aérea laringotraqueal.
  • Bebés y niños con condiciones médicas que aumentan el riesgo operatorio (por ejemplo, enfermedad cardíaca congénita) que deben someterse a un procedimiento otorrinolaringológico común (por ejemplo, adenoamigdalectomía).
  • Bebés y niños que necesitan endoscopia operatoria de las vías aéreas para la evaluación del estridor.

Los siguientes pacientes preferentemente reciben atención de un otorrinolaringólogo pediatra:

  • Bebés y niños con infecciones complicadas que pueden requerir cirugía que involucre el oído (por ejemplo, la otitis media con derrame y cambio de audición), la nariz y los senos paranasales (por ejemplo, rinosinusitis crónica), la faringe (por ejemplo, adenoamigdalitis recurrente), las vías respiratorias (por ejemplo, epiglotitis) y el cuello (por ejemplo absceso retrofaríngeo).

Directrices de referencia para endoscopia

Los especialistas en varios campos médicos pediátricos y quirúrgicos pediátricos están capacitados para realizar procedimientos endoscópicos en bebés y niños. Con el fin de elaborar estas directrices, se utilizan las siguientes definiciones de grupos de edades: bebés (0 a 1 años) y niño (2 a 12 años).

  • La endoscopia de las vías respiratorias (por ejemplo, broncoscopia, laringoscopia) en bebés y niños debe realizarla un cirujano pediatra o un otorrinolaringólogo pediatra o un especialista médico pediátrico debidamente capacitado, que pueda incluir a un neumólogo pediatra o un intensivista pediatra.
  • La esofagoscopia en los bebés y niños debe realizarla un cirujano pediatra, un otorrinolaringólogo pediatra o un gastroenterólogo pediatra.
  • La endoscopia del tracto gastrointestinal distal del esófago (por ejemplo, esofagogastroduodenoscopia, colonoscopia) en bebés y niños debe realizarla un cirujano pediatra un gastroenterólogo pediatra.

Directrices de referencia para oftalmología pediátrica

Un oftalmólogo pediatra ha completado una residencia en oftalmología, ha sido certificado por la Junta Americana de Cirugía Oftalmológica y ha completado una capacitación adicional en oftalmología pediátrica. Con el fin de elaborar estas directrices, se utilizan las siguientes definiciones de grupos de edades: bebé (0 a 1 años), niño (2 a 12 años) y adolescente (13 a 18 años).  

Los pacientes pediátricos con las siguientes condiciones deben remitirse a un oftalmólogo pediatra:

  • Niños de 7 años o menos que no hablan o no pueden leer las letras y de los que hay razón para sospechar que padecen una enfermedad de la vista.
  • Bebés o niños con retinoblastoma u otros tumores del ojo y del área orbital.
  • Bebés o niños con cataratas, glaucoma o ceguera conocidas o de lo cual hay sospecha.
  • Bebés o niños diagnosticados con, o en riesgo de, retinopatía del prematuro.
  • Bebés o niños con anomalías o infecciones oculares congénitas o genéticas (por ejemplo, aniridia, toxoplasmosis).
  • Bebés o niños con síndromes sistémicos, trastornos metabólicos o anormalidades cromosómicas con posible compromiso ocular (por ejemplo, artritis reumatoide juvenil, galactosemia, diabetes mellitus, síndrome de Marfan, síndrome de Down).
  • Bebés y niños con sospecha de haber sido abusados y en los que existe la posibilidad de daño ocular.

Los pacientes pediátricos con las siguientes condiciones deben remitirse de preferencia a un oftalmólogo pediatra:

  • Bebés con nistagmo congénito y niños con nistagmo de inicio temprano.
  • Niños con estrabismo o ambliopía (es decir, disminución de la visión sin lesión orgánica detectable del ojo) o factores de riesgo para estrabismo o ambliopía (por ejemplo, antecedentes familiares de ambliopía o hemangioma orbitario palpebral).  
  • Niños con antecedentes familiares de anomalías oculares congénitas o genéticas (por ejemplo, aniridia), infecciones (por ejemplo, toxoplasmosis), tumores (por ejemplo, retinoblastoma) o con antecedentes familiares de síndromes sistémicos o metabólicos (por ejemplo, artritis reumatoide juvenil, galactosemia, diabetes mellitus), anomalías cromosómicas (por ejemplo, síndrome de Down) u otros trastornos con posible compromiso ocular.
  • Bebés o niños con exposición durante la gestación a drogas u otras sustancias (incluyendo alcohol) que pueden causar anomalías congénitas de los ojos.
  • Bebés o niños con déficit visual o retraso en logros de desarrollo relacionados con la vista y bebés y niños con defectos refractivos graves o antecedentes familiares de defectos refractivos graves.
  • Bebés o niños con inflamación ocular o periocular que no responden al tratamiento inicial con antibióticos tópicos o sistémicos o que no se aclaran en el plazo de 3 semanas de tratamiento y los niños con sospecha de herpes simple o infecciones zoster que afectan el ojo o antecedentes de estas infecciones que afectan el ojo.

Directrices de referencia para urología pediátrica

Un urólogo pediatra ha completado una residencia en urología y está certificado por la Junta Americana de Cirugía Urológica y ha completado una formación adicional en una especialización de urología pediátrica. En situaciones especiales, un urólogo puede haber ganado una vida de experiencia pediátrica, pero inició la práctica antes de que estas especializaciones estuvieran disponibles. Con el fin de elaborar estas directrices, se utilizan las siguientes definiciones de grupos: bebés (0 a 1 años), niños (2 a 12 años) y adolescentes (13 a 18 años).

  • Los testículos no descendidos y la hidrocele/hernia congénita electiva se corrigen de manera óptima en la infancia o en la niñez temprana; la operación debe realizarla un urólogo pediatra o un especialista quirúrgico.
  • La hipospadias usualmente se repara en la infancia o en la niñez temprana, la operación debe realizarla un urólogo pediatra o un especialista quirúrgico.
  • Los problemas congénitos urológicos complejos (por ejemplo, sistemas dúplex, ureterocele, extrofia vesical, reflujo vesicoureteral moderado o severo, válvulas uretrales posteriores) deberá atenderlos un urólogo pediatra.
  • Las neoplasias malignas sólidas de los riñones, la vejiga y los testículos debe tratarlas desde el principio un urólogo pediatra o un especialista quirúrgico en conjunto con un médico especialista en cáncer pediátrico.
  • Las condiciones intersexuales (genitales ambiguos) deben tratarlas conjuntamente desde el principio el pediatra de atención primaria y un urólogo pediatra o especialista quirúrgico. El equipo de atención debe incluir un endocrinólogo pediatra y un psicólogo en consulta con el pediatra de atención primaria y el urólogo pediatra o especialista quirúrgico.
  • Los procedimientos de cistoscopia en bebés y niños de preferencia debe realizarlos un urólogo pediatra.
  • Debe considerarse una consulta de urología pediátrica cuando un niño tiene dificultad miccional diurna prolongada y severa.
  • Un urólogo pediatra debe estar involucrado en el cuidado de los niños con trastornos de la médula espinal (por ejemplo, mielomeningocele, lesiones de la médula espinal).
  • Los bebés o niños con lesiones urológicas importantes deben estabilizarse en el centro médico más cercano y luego ser transportados a un centro de trauma pediátrico.
  • A los bebés o niños con torsión testicular se les debe evaluar en el centro médico más cercano y se les debe operar inmediatamente.

Cuando una anomalía del tracto urinario ha sido identificada antes de nacer, se debe consultar a un urólogo o cirujano pediatra como miembro del equipo de tratamiento fetal.

Directrices de referencia para cirugía ortopédica pediátrica

Un cirujano ortopédico pediatra ha completado su residencia en ortopedia y una especialización adicional en ortopedia pediátrica. Un cirujano de tumores ortopédicos ha completado su residencia en ortopedia, además de formación complementaria en oncología ortopédica y dedica su práctica a los pacientes con cáncer de los huesos y las articulaciones. Con el fin de elaborar estas directrices, se utilizan las siguientes definiciones de grupos de edades: bebés (0 a 1 años), niños (2 a 12 años) y adolescentes (13 a 18 años).

  • Los tumores óseos malignos debe tratarlos un cirujano de tumores ortopédicos, junto con un médico especialista en cáncer pediátrico.
  • Los tumores óseos benignos debe tratarlos un cirujano ortopédico pediatra o un cirujano de tumores ortopédicos.
  • Las deformidades congénitas de las extremidades superiores debe atenderlas un cirujano ortopédico pediatra o un cirujano pediatra de la mano.

Los siguientes pacientes puede atenderlos de mejor manera un cirujano ortopédico pediatra:

  • Bebés con malformaciones graves de las extremidades (por ejemplo, pie zambo idiopático, deficiencia congénita de las extremidades).
  • Niños y adolescentes con deformidad significativa de las extremidades, secundaria a una enfermedad metabólica ósea u otros tipos de detención del crecimiento.
  • Bebés, niños y adolescentes con displasia del desarrollo de la cadera. (La detección de la displasia del desarrollo de la cadera la realiza el pediatra de atención primaria.).
  • Bebés, niños y adolescentes con infección ósea o articular (por ejemplo, osteomielitis, artritis séptica), en conjunto con el pediatra de atención primaria y el especialista en enfermedades infecciosas pediátricas.
  • Niños con enfermedad de Perthes (es decir, la osteocondritis de la cabeza femoral).
  • Niños y adolescentes con deslizamiento de la epífisis capital femoral.
  • Bebés, niños y adolescentes con escoliosis severa o discrepancia de longitud de las extremidades.
  • Bebés, niños y adolescentes con trastorno o anormalidad en el modo de andar, secundaria a enfermedades neuromusculares (por ejemplo, parálisis cerebral).
  • Bebés, niños y adolescentes con fracturas y dislocaciones complejas.

Directrices de referencia para cirugía neurológica pediátrica

Un neurocirujano pediatra es un neurocirujano certificado por la Junta que ha completado una especialización en neurocirugía pediátrica después de completar una residencia en neurocirugía general y está certificado por la Junta Americana de Cirugía Pediátrica Neurológica. Con el fin de elaborar estas directrices, se utilizan las siguientes definiciones de grupos de edades: bebés (0 a 1 años), niños (2 a 12 años) y adolescentes (13 a 18 años).

Con el fin de brindar una buena atención al paciente, se sugiere que cualquier neurocirujano general que se encargará de los problemas neuroquirúrgicos pediátricos no incluidos en las categorías que se mencionan a continuación debe haber tenido un mínimo de 6 meses de rotación como residente de penúltimo o último año durante su residencia general de neurocirugía en un servicio de neurocirugía pediátrica dirigido por un neurocirujano pediátrico capacitado. Asistir a conferencias y reuniones de neurocirugía pediátrica por lo menos cada 12 meses también es necesario para el neurocirujano general que se encarga de los pacientes de neurocirugía pediátrica.

  • Los pacientes de 5 años o menos que puedan necesitar atención neuroquirúrgica por anomalías congénitas o tumores del cerebro o de la médula espinal debe atenderlos un neurocirujano pediatra.
  • A los bebés y niños con lesiones en la cabeza, la médula espinal o los nervios periféricos se les puede estabilizar en un hospital local y luego deben remitirse a un centro de trauma pediátrico con cobertura de neurocirugía pediátrica.
  • A los bebés, niños y adolescentes con tumores cerebrales debe atenderlos desde el inicio un especialista en neurocirugía pediátrica y médicos especialistas en cáncer pediátrico.
  • A los bebés, niños y adolescentes con tumores de la médula espinal o los nervios periféricos debe atenderlos desde el principio un especialista en neurocirugía pediátrica y médicos especialistas en cáncer pediátrico.
  • A los bebés y niños con deformidades del cráneo (por ejemplo, craneosinostosis) o la columna vertebral (por ejemplo, espina bífida) debe atenderlos un neurocirujano pediatra.
  • A los bebés y niños con hematomas/higromas del cerebro debe atenderlos un neurocirujano pediatra.
  • A los bebés y niños con abscesos de la médula espinal o del cerebro debe atenderlos un neurocirujano pediatra, en conjunto con el pediatra principal y un especialista en enfermedades infecciosas pediátricas.
  • A los bebés con espina bífida debe atenderlos de preferencia un neurocirujano pediatra (como parte de un equipo médico-quirúrgico).
  • A los bebés con hidrocefalia debe atenderlos de preferencia un neurocirujano pediatra.
  • A los bebés y niños con condiciones médicas que aumentan el riesgo operatorio (por ejemplo, enfermedad cardíaca congénita) que deben someterse a un procedimiento quirúrgico común (por ejemplo, reparación de hernia) los debe atender un cirujano pediatra.
  • Los procedimientos neuroendoscópicos en bebés y niños los debe realizar un endoscopista neurocirujano pediatra.

Directrices de referencia para cirugía plástica pediátrica

Un cirujano plástico pediatra está certificado por la Junta Americana de Cirugía Plástica. Él o ella han completado los requisitos de enseñanza de residencia para la certificación del consejo en cirugía plástica (generalmente un total de 6 o más años de enseñanza en la especialidad quirúrgica y en cirugía), además formación adicional en cirugía plástica pediátrica. Con el fin de elaborar estas directrices, se utilizan las siguientes definiciones de grupos de edades: bebés (0 a 1 años), niños (2 a 12 años) y adolescentes (13 a 18 años).

  • Los bebés y niños con malformaciones congénitas de las estructuras de la cabeza y el cuello, incluyendo la cara y el cráneo (por ejemplo, labio leporino y paladar hendido, craneosinostosis) deben remitirse a un cirujano plástico pediatra.
  • Los bebés y niños con malformaciones congénitas de las extremidades (por ejemplo, sindactilia) deben remitirse a un cirujano plástico pediatra.
  • A los bebés, niños y adolescentes que están seriamente quemados o heridos se les debe estabilizar en un hospital local y luego trasladarlos a un centro pediátrico para quemaduras/trauma con un cirujano plástico pediatra como parte del equipo de tratamiento.
  • Los bebés, niños y adolescentes con grandes lesiones cutáneas pigmentadas o vasculares (por ejemplo, nevos, manchas de vino de oporto, malformaciones arteriovenosas) deben remitirse a un cirujano plástico pediatra.
  • A los bebés, niños y adolescentes con tumores grandes en el tejido blando que, cuando se extirpan, dejan defectos que requieren la transferencia de tejido o reconstrucción, de preferencia los debe tratar un cirujano plástico pediatra.
  • El cirujano plástico pediatra es óptimamente parte de un equipo de especialidades múltiples (con pediatras y otros especialistas quirúrgicos pediátricos) en el manejo de enfermedades tales como problemas de espina bífida o problemas complejos que requieren la expansión del tejido o procedimientos de microcirugía.

 

Última actualización
8/1/2013
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.