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Problemas de Salud

Calambres por calor

Durante una actividad agotadora pueden surgir dolores o espasmos musculares, generalmente en el abdomen, los brazos o las piernas. Los calambres por calor afectan sobre todo a los jóvenes que transpiran libremente y agotan los líquidos de sus cuerpos.

¿Qué hacer?

  • Lleve al adolescente a un lugar fresco, bajo techo o al aire libre.
  • Dele a beber agua o una bebida deportiva.
  • Dele un masaje suave en el músculo afectado para aliviar un poco el dolor.
  • Insista que espere varias horas hasta que el calambre desaparezca antes de reanudar cualquier actividad física, un esfuerzo adicional puede provocar agotamiento por calor o un golpe de calor.
  • Si los calambres continúan después de una hora, busque atención médica.

Agotamiento por calor

Esta es la respuesta del cuerpo a una pérdida excesiva de agua y sal a través del sudor. Las señales de advertencia incluyen: sudoración abundante, piel fría, pálida y sudorosa, calambres musculares; fatiga; debilidad; dolor de cabeza; náusea o vómitos; vértigo; desmayos; respiración rápida y poco profunda; pulso rápido y débil.

¿Qué hacer?

  • Utilice un termómetro para tomar la temperatura corporal (preferiblemente uno rectal). Si la temperatura corporal se eleva a 103.1 grados o más, proceda a seguir las recomendaciones para la insolación que se enumeran a continuación.
  • Siga los mismos pasos que para los calambres por calor.
  • Además, prepare un baño o ducha fría o un baño de esponja.
  • Si los síntomas empeoran o persisten después de una hora, busque atención médica ya que el agotamiento por calor que no se trata puede convertirse en insolación. Los síntomas graves aseguran un viaje inmediato a la sala de emergencias de un hospital.

Insolación

Esta es una condición potencialmente mortal en la cual el termostato del cuerpo no funciona adecuadamente. No es poco común que la temperatura del cuerpo se eleve a 105 grados F o más en un período de diez a quince minutos. Para agravar el peligro, la persona no puede transpirar adecuadamente, por lo que el calor corporal se retiene en lugar de ser liberado. Los síntomas incluyen: temperatura oral de 103.1 grados F o más alta; piel roja, caliente y seca; pulso rápido y fuerte; dolor de cabeza palpitante; náusea; vértigo; confusión; pérdida del conocimiento.

¿Qué hacer?

  • Pida a alguien que solicite ayuda médica de emergencia mientras usted empieza a refrescar a la joven víctima.
  • Llévela adentro o a un área al aire libre con sombra.
  • Quítele toda la ropa que sea posible.
  • Échele agua fría sobre la piel, ya sea sumergiéndolo en la tina del baño o ducha, dándole un baño de esponja o rociándolo con una manguera de jardín. Cuando haya poca humedad, también se puede envolver al adolescente en una sábana fría y mojada.
  • Colóquelo frente a un ventilador o aire acondicionado.
  • Tome la temperatura de su cuerpo cada cinco minutos y continúe con sus esfuerzos para refrescarlo hasta que el termómetro indique 102 grados F o menos.
  • Importante: No le dé nada de beber. En su estado, sin darse cuenta podría inhalar el líquido hacia sus pulmones, causándole neumonía por aspiración.
  • Si el personal médico de emergencia tarda en llegar, llame a la sala de emergencias de un hospital para recibir instrucciones adicionales.
  • Las víctimas de insolación en ocasiones comienzan a temblar incontrolablemente. En el caso de un ataque, asegúrese de que el joven no se lesione a sí mismo con los muebles. Nunca trate de insertar una cuchara u otro objeto duro en la boca para evitar que se trague su lengua; con solo girar su cabeza hacia un lado será suficiente. El mismo consejo se aplica si el adolescente vomita, mantenga las vías respiratorias abiertas.

Antes de dejar que su hijo adolescente participe en un programa deportivo, averigüe si la escuela o liga tiene establecido un plan médico de emergencia. La Asociación Nacional de Entrenadores de Atletismo (National Athletic Trainers’ Association) sugiere hacer las siguientes preguntas:

  • ¿Quién será el responsable de proporcionar primeros auxilios de emergencia?
  • ¿Quién será el responsable de llamar a los servicios médicos de emergencias (SME), y de qué manera lo hará?
  • ¿De qué manera se notificará a los padres en caso de una emergencia?
  • ¿Está el cuerpo técnico capacitado para administrar primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar (RCP)?
  • ¿Están los dispositivos médicos de emergencia disponibles fácilmente en todo momento?
  • ¿Existe un proveedor de cuidado de la salud calificado disponible para los deportistas de la escuela todos los días?
  • ¿La escuela o liga consulta con un médico especialista en medicina deportiva?

Los adolescentes deben ver a su pediatra para una prueba médica anual por lo menos seis semanas antes del inicio de la temporada deportiva. Más de dos tercios de los cincuenta estados requieren pruebas físicas anuales para evaluar cualquier condición o condiciones de salud de los jóvenes que pudieran impedir su participación en actividades deportivas. Los estudios muestran que estos exámenes terminan atendiendo ese propósito en cuatro de cada cinco adolescentes.

La evaluación deportiva debe realizarse preferiblemente de forma individual en el consultorio del pediatra. El examen está diseñado para analizar los problemas médicos y factores de riesgo de lesiones relacionadas con la práctica deportiva. Se miden la altura y el peso. Luego, el médico examina los ojos, los oídos, la nariz, la cavidad oral, los pulmones, el sistema cardiovascular, el abdomen, los genitales y la piel. También se evalúa la fuerza, la flexibilidad y la estabilidad de las articulaciones.

Un historial médico completo solo recopila el 75 por ciento de todos los problemas médicos que podrían afectar a los deportistas adolescentes. Se presta especial atención a los patrones familiares de enfermedades del corazón, la causa principal de muerte súbita en deportistas jóvenes. Afortunadamente, la muerte súbita cardíaca (MSC) es muy poco frecuente en los adolescentes. “En los Estados Unidos de América”, dice el cardiólogo pediatra Dr. Luckstead, “unos quince niños al año podrían encajar en esa categoría. La dificultad radica en descubrirlos”. La mayoría de las víctimas de MSC no mostraron síntomas de la enfermedad antes del colapso fatal.

"Lo que tratamos de hacer es buscar señales de alerta que nos den alguna pista", explica. “Por ejemplo: ¿Se desmaya el adolescente a veces cuando corre o en ocasiones se marea durante el ejercicio? ¿Tuvo algún pariente que murió repentinamente de insuficiencia cardiaca a una edad relativamente joven? Si sospechamos que el adolescente pudiera tener un factor de riesgo, por lo general ordenamos un electrocardiograma al momento del examen. Y si tenemos muchas sospechas, contamos con una prueba más costosa llamada ecocardiograma." Al medir el espesor de la pared del corazón, como se ve en el ECO, los médicos pueden predecir qué pacientes están en peligro de sufrir un ataque cardiaco mortal.

Solo alrededor del 3.3 por ciento de los niños y niñas que se someten al PPE tienen problemas médicos que podrían restringir su participación deportiva, pero muchos más tienen condiciones o efectos por lesiones anteriores que podrían, si no se atienden, conducir a una lesión mayor. Tras una evaluación adicional, a todos menos aproximadamente el 0.3 por ciento de los niños se les permitirá para jugar. Si se encuentra que un adolescente tiene una condición que lo descalifique podría solicitarse una segunda opinión, dado lo decepcionante que puede ser para un niño saber que no es médicamente elegible para realizar una actividad favorita. También vale la pena analizar otras opciones para una actividad física segura. Por ejemplo, si un trastorno de la columna vertebral hace que jugar fútbol sea inseguro, el deportista aún puede ser elegible para participar en un deporte sin contacto, como la natación, el tenis o pista.

 

Última actualización
5/19/2013
Fuente
Caring for Your Teenager (Copyright © 2003 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.