Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal

Seguridad & Prevención

La epidemia de tiroteos en escuelas trajo a luz otra forma de violencia entre adolescentes que se ha dejado pasar virtualmente sin control: el acoso escolar. Resulta que muchos de estos asesinos adolescentes fueron excluidos o sufrieron de acoso escolar por parte de sus compañeros por mucho de sus jóvenes vidas. Las matanzas despertaron la sensibilidad de los adultos al tormento al que muchos niños están sujetos en manos de sus compañeros y las posibles medidas que los niños pueden tomar si tienen un profundo dolor emocional (por el motivo que sea) y tienen acceso a armas de fuego.

De acuerdo con una encuesta de 1999 en una escuela secundaria del medio oeste, cuatro de cinco estudiantes admitieron cierta forma de comportamiento acosador por lo menos una vez al mes, desde decir apodos, hasta amenazas verbales y violencia física. Otro estudio de 1999, de menores entre catorce y dieciséis años, determinó que los acosadores de las escuelas eran propensos a tener problemas psicológicos como depresión e ideas suicidas, al igual que los chicos a quienes molestaban. Y tanto como la mitad de ellos también se encontraban en el lado receptor de burlas e insultos de otros niños.

Qué puede hacer 

El primer paso es que los adultos desechen la idea convencional que las bromas son un ritual inofensivo de los jóvenes. Las bromas moderadas pueden ser inofensivas, pero el ridículo no debe tolerarse. Enseñemos a nuestros hijos que está mal herir los sentimientos de otras personas. Pídales que recuerden un incidente en el que alguien se burló de ellos y cómo se sintieron.

Exhorte a sus hijos a que defiendan a quienes son objeto de burlas.Si más observadores tuvieran el valor de intervenir ("¿Por qué no lo dejas en paz? Nadie cree que eso es agradable"), más acosadores probablemente se escabullirían por el corredor, con su ego desinflado detrás de ellos. Como mínimo, lo correcto es informar al maestro sobre el acoso y dejar que él se encargue del asunto.

Busque las señales silenciosas de que un adolescente sufre de acoso.Un joven podría estar demasiado avergonzado para admitir a mamá y papá que alguien lo molesta. Entre los comportamientos que suelen indicar que hay un problema está la falta repentina de interés en la escuela; un descenso en las calificaciones; no querer ir a la escuela; y quejas de síntomas psicosomáticos como dolores de cabeza y de estómago por la mañana. Los moretones sin explicación y otras lesiones físicas también deben captar la atención de los padres. Estos síntomas son importantes, porque posiblemente también son indicadores de depresión u otros problemas significativos.

Si sospecha que su hijo adolescente está siendo victimizado enséñele a defenderse sin recurrir a la violencia. Siempre que una confrontación parezca potencialmente peligrosa, debe alejarse y alertar a una autoridad de la escuela.

¿Qué hacer si el acoso continúa? Supongamos que un chico de segundo año de secundaria en varias ocasiones hace gruñidos de cerdo y diversos comentarios hirientes a una niña con sobrepeso cada vez que entra al salón de clases. La situación debe informarse a la oficina administrativa de inmediato. La madre y el padre de la niña pueden ofrecer ya sea comunicarse con el director o aconsejar a su hija sobre cómo manejar la situación ella misma si el hecho de que ellos se involucren la hace sentir incómoda. Siempre dele esa opción.

La Asociación Nacional de Padres y Maestros recomienda que las víctimas de acoso escolar (o sus padres) mantengan registros escritos de cada incidente, que incluyan nombres, fecha, hora, lugar y circunstancias. Luego, enviar una copia del informe al director.

A veces, sencillamente separar a los dos adversarios termina con el problema. Talvez el chico del ejemplo anterior se cambia a otro salón de clases. Él y la chica muy pocas veces se vuelven a encontrar por el resto del semestre. Para el año siguiente, él ya maduró y ya no se siente inclinado a hacer comentarios crueles. Las medidas más drásticas incluyen la suspensión y expulsión.

Varias escuelas han instituido programas de consejería que pretenden ayudar a los estudiantes antisociales a controlar su ira y a aprender a resolver los conflictos de una forma pasiva. Los cuatro enfoques más populares son mediación entre compañeros, proceso del curriculum, salón de clases pacífico y escuela pacífica.

Si sus intentos por que la escuela tome medidas fallan, mantenga a su hijo en casa mientras solicita una audiencia con la junta escolar para tratar la seguridad de su hijo. Sí, esta es una medida drástica, pero podría ser necesaria para forzar a los administradores de la escuela a que entiendan la gravedad de la situación. Algunos padres han tenido que recurrir a medidas legales a fin de evitar que su hijo se convierta en una víctima, aunque por lo general estos problemas se resuelven mucho antes de que alguien considere un pleito legal.

Por último, a lo largo de este proceso, explique a su adolescente que él o ella no han hecho nada malo; es la otra persona quien está equivocada. Dele su paciencia y apoyo total. Posiblemente su autoestima necesite un empujón, así que recuérdele lo fantástico que es en muchas formas.  

 

Última actualización
5/19/2013
Fuente
Caring for Your Teenager (Copyright © 2003 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.