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Vida Familiar

Es muy raro que un niño se comporte de manera irracional; sus comportamientos casi siempre tienen un propósito, o al menos un motivo. Sin embargo, cuando los niños se portan mal, los padres no siempre reconocen lo que su hijo está intentando lograr. Además, posiblemente no entiendan o no estén de acuerdo con el razonamiento del niño, particularmente cuando el niño está bajo estrés. A veces un padre enojado o frustrado le gritará a su hijo "¿Qué estabas pensando?" Pocas veces los padres esperan una respuesta razonada a dicha pregunta, sin embargo, la respuesta puede ser con frecuencia reveladora y enriquecedora. Cambiar el comportamiento de un niño requiere entender por qué ocurre y eso toma tiempo, esfuerzo y buena comunicación.

Puede resultar útil recordar las circunstancias previas al comportamiento inaceptable de su hijo. ¿Qué estaban haciendo usted y su hijo? ¿Qué estaba haciendo cada uno? ¿Quién más estaba presente? ¿Qué cosas se dijeron, quién las dijo y en qué tono de voz? ¿Cuál podría haber sido una respuesta o acción aceptable de parte de su hijo? Hablar sobre estas preguntas con su hijo puede ser una forma de empezar a entender mejor cómo su hijo ve las cosas. Al conocer esta nueva información, puede ser más fácil ayudar a su hijo a comportarse de una forma que usted considere buena.

Los niños suelen tener un patrón de comportamiento específico que a los padres se les hace particularmente molesto y difícil de controlar. A veces las intervenciones iniciales de uno de los padres no tienen éxito y ocasionalmente hasta pueden empeorar las cosas.

¿Qué pueden hacer los padres? Considere, por ejemplo, un niño que regularmente molesta a su hermano pequeño. Este niño necesita que le digan en una forma relajada que no está permitido molestar, pero que los desacuerdos y discutir es normal y aceptable. Explique e incluso demuestre un comportamiento apropiado y alternativo (discutir, compartir, tomar turnos). Luego hay que decirle que si vuelve a ser agresivo con su hermano o hermana, se le dará una advertencia y, de continuar así, perderá un privilegio (ver televisión por un día; no invitar a un amigo a jugar). Si el comportamiento se repite, cumpla con la consecuencia o castigo prometido.

Los castigos y las consecuencias deben ser apropiados para el comportamiento, la edad y las habilidades del niño, y por supuesto, no deben ser excesivos. Los castigos (al igual que las recompensas) deben tener lugar pronto después del comportamiento, a fin de reducir el problema en el futuro. Por lo tanto, el castigo de un niño debe ser perder un privilegio ese día o el siguiente, no el siguiente mes. Una disciplina y recompensa eficaces requieren que los padres estén de acuerdo, o que al menos no interfieran con ni desacrediten las prioridades o los esfuerzos de cada uno.

Para cierto tipo de comportamiento, los padres pueden implementar un programa de modificación del comportamiento. Este enfoque implica modificar tanto el comportamiento del niño como el de los padres. Funciona por medio de desalentar el comportamiento negativo, exhortar y apoyar el comportamiento positivo, y establecer expectativas apropiadas para alcanzar metas y cumplir con tiempos establecidos. Incluso si piensa implementar un programa de modificación del comportamiento por su cuenta, podría ser útil consultar con un pediatra u otro experto del comportamiento para que le dé consejo y apoyo.

 

Última actualización
5/19/2013
Fuente
Caring for Your School-Age Child: Ages 5 to 12 (Copyright © 2004 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.