Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal

Problemas de Salud

Casi todos los niños padecen de influenza eventualmente. Conocida comúnmente como gripe, la fiebre alta y los dolores musculares ocasionados por la influenza son difíciles de ignorar, obligando a menudo al joven más activos a permanecer en cama durante algunos días de descanso y recuperación.

La influenza es una enfermedad respiratoria ocasionada por un virus. Las infecciones de gripe son altamente contagiosas. Se propagan fácilmente en las escuelas, hogares, ambientes de cuidado infantil, el lugar de trabajo y varios lugares más en donde se reúnen grupos de personas. Su hijo puede contagiarse de gripe si alguien a su alrededor tiene la infección y estornuda o tose, enviando pequeñas gotas del virus al aire en donde los demás pueden respirarlas. También puede contagiarse de la enfermedad al tocar un juguete que haya sido contaminado por alguien con la infección y luego meterse la mano o los dedos en la boca o nariz. Los niños son más contagiosos durante las 24 horas antes de que inician los síntomas y el período cuando los síntomas están en su peor momento.

A pesar de que existen 3 virus de influenza (tipo A, B y C), la mayoría de epidemias de gripe son ocasionadas por el A o B. La epidemia de la influenza ocurre usualmente durante los meses de invierno y a menudo dura hasta marzo.

Señales y síntomas

Cuando su hijo se enferma de gripe, probablemente desarrollará una fiebre (temperatura más alta que 100 °F), normalmente muy rápido y a menudo acompañada de escalofríos, dolores de cabeza, falta de energía, una tos seca y dolores musculares. A medida que la enfermedad avanza, es posible que se desarrollen y empeoren otros síntomas como dolor de garganta o nariz que moquea o congestionada. Es posible que algunos niños tengan dolor abdominal, náusea y vómitos.

Particularmente en infantes, la influenza puede causar infección de oído, crup, bronquiolitis (una infección de los pequeños tubos para la respiración de los pulmones) o neumonía.

Lo que puede hacer

Probablemente está familiarizado con varios de los tratamientos caseros para la gripe. Han sido utilizados por varias generaciones de padres de familia, a pesar de que no son tan útiles para deshacerse del virus como algunos padres piensan. Es posible que su hijo se beneficie de descansar lo suficiente y debe beber líquidos para evitar la deshidratación.

Para ayudar a su pequeño con fiebre a que se sienta más cómodo y a bajarle la temperatura, algunos pediatras recomiendan darle acetaminofén (a pesar de que existe evidencia de que la fiebre es una forma del cuerpo para combatir la infección que lo está invadiendo). Sin embargo, no le dé aspirina a ningún niño o adolescente que tenga fiebre. El uso de aspirina en esas circunstancias ha estado relacionado con una enfermedad grave pero poco común conocida como el síndrome de Reye. ¡Asegúrese de leer las etiquetas en cualquier medicina que piense darle a su hijo ya que algunas medicinas contienen aspirina (ácido acetilsalicílico) como parte de sus ingredientes!

Cuándo llamar al pediatra

Comuníquese pronto con su pediatra si su hijo tiene síntomas de gripe; algunas medicinas antivirales funcionan mejor si se administran durante las primeras 48 horas después de que inician los síntomas. En particular, infórmele a su médico si continúa la fiebre, su hijo se queja de un dolor de oído o si tiene una tos que no cede.

Estos son algunos de los síntomas comunes de complicaciones relacionadas con la gripe, como una infección de oído, una sinusitis o neumonía. Es posible que ocurran complicaciones en un niño que tenga un problema de salud subyacente, incluyendo enfermedad del corazón, enfermedad de los pulmones, un sistema inmunológico debilitado o una malignidad.

 

Última actualización
7/18/2013
Fuente
Immunizations & Infectious Diseases: An Informed Parent's Guide (Copyright © 2006 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.