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Problemas de Salud

Tanto usted como su hijo pueden sentirse tristes, deprimidos o abrumados. Esto es normal y saludable. Tan turbulentos como puedan ser estos tiempos, la mayoría de los jóvenes y sus familias salen con pocos problemas de comportamiento, si los tienen, o cicatrices psicológicas duraderas. De hecho, la mayoría de los niños pueden manejar su situación muy bien, a pesar de la montaña rusa emocional que pueda surgir. Los investigadores creen que la probabilidad de problemas emocionales y del comportamiento asociados con enfermedades crónicas ha disminuido recientemente, ya que los padres, el personal escolar y los proveedores de atención médica están aprendiendo más formas eficaces de ayudar a los niños y a sus padres a satisfacer sus necesidades psicológicas.

Sin embargo, los niños con enfermedades o afecciones crónicas a veces se sienten "diferentes", socialmente aislados y limitados en sus actividades. Pueden tener problemas escolares y sentirse sobreprotegidos. Pueden experimentar miedo y dolor recurrente. Cuando no se trata con estas dificultades emocionales, pueden causar ansiedad, tristeza, ensimismamiento, rebeldía o una disminución en el interés en la escuela.

Los niños en edad escolar rara vez indican que se sienten tristes o deprimidos. En cambio, puede que se aparten de sus amigos y familia y muestren un comportamiento rebelde o de enojo. Es probable que tengan un rendimiento bajo en la escuela. Puede que interfieran con sus tratamientos médicos, tal vez al rehusarse a tomar los medicamentos según el horario. Puede que experimenten con alcohol, drogas o actividad sexual temprana. O puede que se escapen de casa o consideren el suicidio.

Haga un esfuerzo continuo para hablar con su hijo acerca de lo que está experimentando. ¿Cree que está mostrando señales de desesperación y desesperanza relacionadas a la enfermedad y el futuro? Anímelo a hablar acerca de estos sentimientos ya sea con usted o con una persona en la que confíen. Debido a que su hijo no estará consciente de sus sentimientos, trate de iniciar estas conversaciones con enunciados como "Si yo fuera tú, pienso que me sentiría..." o "He leído que muchos niños con esta afección se sienten solos y tristes. ¿Cómo te sientes?"

Algunos padres titubean para discutir sentimientos acerca de la enfermedad con sus hijos, para proteger a sus jóvenes del daño emocional. La mayoría de expertos, sin embargo, no están de acuerdo con este punto de vista. Los niños pueden ajustarse mucho mejor a una verdad desagradable que a la percepción de que los padres se sientan derrotados y les escondan algo. Si los padres y niños no hablan abiertamente, las oportunidades de un mal entendido son altas. La imaginación de un joven puede volar y pueden surgir temores o ser exagerados.

Por consiguiente, es mejor comprometerse a ser lo más comunicativo posible. Recuerde a su hijo que no está solo en esto y que usted será una fuente constante de amor y apoyo. Muchos estudios muestran que la clave para la resistencia de un niño es una relación de atención, amor y accesible con un adulto, alguien con quien el niño pueda contar y en quien confíe.

Si le preocupa que su hijo pueda enfrentar estas tensiones, hable con su médico. Si su joven muestra un comportamiento destructivo o inusual, si se niega a tomar sus medicamentos, si se ha apartado mucho o si su trabajo escolar se ha deteriorado, su médico puede recomendarle alguna consejería para el niño o para toda la familia.

 

Última actualización
5/31/2013
Fuente
Caring for Your School-Age Child: Ages 5 to 12 (Copyright © 2004 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.