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Problemas de Salud

Todos los padres se quejan en algún momento de que sus hijos adolescentes prácticamente no escuchan nada de lo que les dicen. Sin embargo, de hecho, un estimado de cada quince entre mil jóvenes menores de dieciocho años de edad, tienen algún grade de pérdida de la audición. De acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud, se puede culpar a nuestro medio ambiente por un tercio de esos casos. Nuestros oídos son atacados por ruido excesivo durante el día y la noche: el sonido rechinante de la barredora de hojas del vecino; una alarma de carro temperamental que chilla a la distancia; un avión de alguna aerolínea en lo alto.

El volumen del sonido se mide en unidades llamadas decibeles (dB). La exposición repentina o extendida a sonidos graves (85 dB o más) puede causar potencialmente la pérdida temporal o permanente de la audición. A esto se le llama trauma acústico.¿Qué tan alto son 85 decibeles?

Sorprendentemente, no demasiado fuerte, aproximadamente el equivalente al sonido del tráfico de la ciudad, escuchándolo desde dentro de su automóvil. La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA), que regula la seguridad auditiva en el lugar de trabajo, indica que los empleados no deben ser sometidos a más de 90 dB durante un período de ocho horas y nunca a más de 115 dB.

Cada aumento de 5 decibeles en intensidad reduce el tiempo de exposición segura a la mitad, de manera que un espectáculo promedio de música rock (110 dB) comienza a tener efecto en la audición de un niño tan solo después de una hora. Los adolescentes expuestos a un sonido de tal intensidad pueden y experimentan una pérdida transitoria de la audición caracterizada por un repique en los oídos. Los efectos de una duración breve de trauma acústico normalmente se resuelven en varios días.

Sin embargo, años de exposición repetida a niveles peligrosos de ruido puede conducir a un daño auditivo irreversible, al destruir diminutos receptores sensoriales dentro del oído interno. Con la pérdida de esos receptores, una persona comienza a experimentar dificultad para escuchar sonidos agudos. Además, las fibras nerviosas que transmiten los mensajes de sonido al cerebro comienzan a degenerarse, al igual que lo hacen los nervios correspondientes dentro del sistema nervioso central. Eventualmente, las frecuencias más bajas, en las que se descifra una buena cantidad de discurso, también se ven afectadas. A pesar de que los síntomas de la pérdida auditiva pueden no surgir sino hasta más adelante, el daño ya está en camino.

Los síntomas que sugieren una pérdida auditiva incluyen:

  • Pérdida de sensibilidad auditiva, primero a los sonidos agudos (alta frecuencia), luego eventualmente a sonidos más graves
  • Dificultad para escuchar la conversación, especialmente cuando otras personas hablan o cuando hay ruido significativo en el fondo
  • Repique temporal o permanente en los oídos
  • Una sensación de volumen en los oídos 
  • Las voces y otros sonidos se escuchan distorsionados y apagados

Cómo se diagnostica la pérdida auditiva

Un examen físico y un historial médico exhaustivo, incluyendo un examen de oído con un otoscopio. Prueba de impedancia, una evaluación auditiva para evaluar el funcionamiento del oído medio y audiometría de tonos puros, para probar el nivel más bajo al cual un joven paciente puede escuchar varias frecuencias de sonido.

 

Última actualización
6/6/2013
Fuente
Caring for Your Teenager (Copyright © 2003 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.