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Problemas de salud
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Cómo reaccionar ante una emergencia por atragantamiento o ahogo

Aunque los niños menores de cuatro años de edad tienen más riesgo de atragantarse (atorarse) con alimentos y objetos pequeños, los niños de mayores también pueden hacerlo. Hay diversos alimentos y objetos (como, por ejemplo, perros calientes, trozos de carne mal masticados, uvas, zanahorias crudas, caramelos duros, globos y piezas pequeñas de juguetes) que pueden quedarse atascados en las vías respiratorias (o tráquea) del niño e impedir que el oxígeno llegue a los pulmones y también al resto del cuerpo. Cuando el cerebro no recibe oxígeno durante más de cuatro minutos, se puede producir daño cerebral permanente y la muerte. Si su hijo tiene algunas dificultades para respirar, pero aún puede hablar o tiene tos fuerte, no haga nada; la tos del niño es mejor que cualquier golpe en la espalda o compresión abdominal (maniobra de Heimlich) que usted le pueda administrar. Pero llame al 911 para que puedan trasladarlo a un departamento de emergencias, ya que una obstrucción parcial de las vías respiratorias podría convertirse en una obstrucción total.

Maniobra de Heimlich

Si su niño no respira en lo absoluto, o si está pálido o tiene tos muy débil, necesita atención inmediata. En primer lugar, pida a alguien que llame al servicio de emergencias al 911. Realice la maniobra de Heimlich en el niño. Para los niños más grandes, esta técnica se puede usar mientras el niño está recostado, sentado o de pie.

Si el niño está consciente y sentado o de pie, colóquese detrás de él y rodee con sus brazos la cintura del niño. Coloque el lado del puño correspondiente al pulgar en el centro del abdomen del niño, justo debajo del extremo inferior del esternón. Luego tome ese puño con su mano libre, presione hacia adentro con compresiones rápidas y ascendentes. Repita las compresiones hasta que el objeto sea expulsado con tos o el niño comience a respirar o toser.

Tracción mandibular y levantamiento de la lengua

Si el niño está inconsciente, recuéstelo en el suelo boca arriba e intente realizar la técnica de tracción mandibular y levantamiento de la lengua. Abra la boca del niño con el pulgar presionando la lengua y los otros dedos rodeando la mandíbula; como esto hace que la lengua se aleje de la parte posterior de la garganta, podrá despejar las vías respiratorias. Si puede ver el objeto extraño, intente retirarlo "barriéndolo" con un dedo hacia un lado; hágalo con cuidado, ya que podría empujar el objeto aún más abajo en las vías respiratorias y provocar otra obstrucción.

Si aún no ha vuelto la respiración, incline suavemente la cabeza del niño hacia atrás y levántele la barbilla. Luego coloque su boca sobre la boca del niño, cierre la nariz apretando con los dedos y dele dos bocanadas lentas de aire que duren un segundo y medio a dos cada una. Si esta técnica no da resultado, vuelva a realizar la maniobra de Heimlich. Arrodíllese a los pies del niño y coloque la base de la palma de una de sus manos en la línea media entre el ombligo y la caja torácica. Luego coloque la otra mano sobre la primera. A continuación, presione firme pero suavemente en el abdomen y realice seis a diez compresiones rápidas hacia adentro y hacia arriba.

Repita los pasos anteriores: la "barrida" con el dedo, las bocanadas de aire lentas y las compresiones abdominales, hasta que el niño comience a respirar o llegue la ayuda de emergencia.

Reanimación cardiopulmonar (RCP)

La reanimación cardiopulmonar es otro procedimiento de primeros auxilios que se debe utilizar únicamente cuando el niño no tiene pulso, lo que indica que su corazón ha dejado de latir. La RCP implica la compresión del tórax presionando con la base de la palma de la mano sobre la mitad inferior del esternón. Estas compresiones deben administrarse durante un período de aproximadamente cuatro segundos en grupos de cinco, seguidas de una bocanada de aire suave aplicada boca a boca; después de esto, se repite el ciclo. Esta técnica puede ayudar a que el niños siga respirando y la sangre circule hasta que llegue la ayuda de emergencia. Debe ser realizada por una persona que haya recibido capacitación específica en esta técnica. La RCP es aún más importante si tiene una piscina o un jacuzzi en su casa, o vive cerca de un lago u otra masa de agua. Por supuesto, la prevención es la primera línea de defensa contra el ahogamiento: independientemente de la edad que tenga el niño, nunca debe estar cerca de una piscina o masa de agua sin supervisión, aunque parezca ser un buen nadador. Las piscinas deben estar totalmente cercadas para evitar el acceso y el uso sin supervisión.

Si un niño se está ahogando, es necesario que recupere la respiración de inmediato para evitar la asfixia (falta de oxígeno). Estas son algunas pautas para recordar:

  • Retire a su hijo del agua tan pronto como sea posible. A menos que sepa nadar bien, trate de evitar saltar al agua para rescatar a un niño que se está ahogando. En lugar de esto, intente sacar al niño del agua estirando su brazo o utilizando una vara larga o un salvavidas.
  • Llame al servicio de emergencias al 911.
  • Si el niño ha dejado de respirar, practique la resucitación boca a boca: alrededor de quince bocanadas de aire lentas y constantes durante un minuto. Si tampoco tiene pulso, debe realizar compresiones en el tórax y la RCP completa.

Si bien las descripciones de las técnicas que pueden salvar vidas que se presentan en este artículo pueden ayudarlo a familiarizarse con los procedimientos estándar, NO reemplazan a un curso certificado de primeros auxilios en el que aprenderá la resucitación boca a boca y la técnica de la RCP. Todos los padres deben recibir esta capacitación. Comuníquese con la oficina local de la Cruz Roja Americana o la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) para obtener información sobre dónde se ofrecen estas clases en su comunidad.

Última actualización
6/7/2017
Fuente
Caring for Your School-Age Child: Ages 5 to 12 (Copyright © 2004 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.
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