La adolescencia es ese período decisivo entre la infancia y la adultez que trae consigo grandes cambios en el desarrollo físico, mental, social y emocional de los adolescentes. En esta etapa, comienzan a descubrir quiénes son y, al mismo tiempo, deben aprender a gestionar cuestiones escolares, las amistades y una independencia cada vez mayor. Si a todo esto se le suma algo de estrés o un trauma, la situación puede resultar abrumadora tanto para ellos como para usted. Usted tiene un papel importantísimo para que su hijo adolescente se sienta seguro, respaldado y conectado.
¿Qué son las 5 R?
Las 5 R (Relacionarse, Reconocer, Reconfortar, Retomar la rutina y Regular) ofrecen formas sencillas de ayudar a su hijo adolescente en situaciones cotidianas y en situaciones de estrés. Las acciones pequeñas y constantes pueden tener un gran impacto. A continuación, le ofrecemos algunas ideas prácticas y ejemplos de frases que puede adaptar a su contexto familiar.1. Relacionarse
Construya (y reconstruya) un vínculo mostrando un interés genuino por los pensamientos, las actividades y los intereses de su hijo adolescente.
El vínculo es la base de la resiliencia. Aunque los adolescentes pasen mucho tiempo fuera de la casa, confían en el apoyo de su familia.
Busque oportunidades cotidianas para vincularse, como durante los viajes en automóvil, las comidas compartidas en familia u otras actividades en común. Cuando los adolescentes atraviesan dificultades, mantener el vínculo puede resultar complicado. Recuerde que incluso los pequeños momentos son importantes.
Motive a su hijo adolescente a probar cosas nuevas, aunque estas no siempre resulten como se esperaba. Reconozca su esfuerzo y lo que ha aprendido durante el proceso. Si los adolescentes se lo piden, compartir sus propias experiencias también puede ayudarlos a sentirse comprendidos.
Intente con estas opciones:
"Admiro mucho el esfuerzo que has hecho. Se necesita mucha valentía para hacerlo".
"Sé que es difícil. Yo también me he sentido así a veces. No estás solo. Lo superaremos juntos".
"¿Quieres que hagamos algo juntos?".
2. Reconocer
Usted conoce a su hijo adolescente mejor que nadie. Preste atención a los cambios en su estado de ánimo o comportamiento que puedan ser señales de que algo le preocupa.
Es posible que observe pequeños cambios en sus rutinas, su energía o su vida social. Mencionar con delicadeza lo que ha notado, sin juzgar, puede ser el primer paso para comenzar a vincularse. A veces, escuchar sin intentar arreglar las cosas de inmediato es exactamente lo que su hijo adolescente necesita.
Intente con estas opciones:
3. Reconfortar
Ayude a su hijo adolescente a sentirse seguro, respaldado y comprendido. Los adolescentes necesitan saber que pueden contar con adultos que se preocupan por ellos, incluso cuando los invaden las emociones. Una presencia tranquila y firme puede resultar muy reconfortante.
Repita con sus palabras lo que su hijo le cuenta para que sepa que lo está escuchando con atención. Hable con él sobre lo que lo ayuda cuando está estresado y las estrategias que le han funcionado en el pasado. Esto puede recordarle las habilidades de resiliencia que ya posee. Recuérdele que no está solo.
Intente con estas opciones:
"No tienes que hablar ahora. Estaré aquí cuando estés preparado para hablar".
"Eso parece realmente complicado. Me alegro de que me lo hayas contado".
"Has pasado por otras situaciones difíciles y las has manejado bien. ¿Qué crees que podría ayudarte en este caso?".
4. Regreso a la rutina
Fomente rutinas saludables tanto en su casa como fuera de ella. Las rutinas predecibles ayudan a los adolescentes a sentirse seguros y equilibrados. Intente establecer y mantener rutinas como comidas compartidas, actividad física, momentos alejados de las pantallas, noches de juegos y horarios prestablecidos para irse a dormir.
Involucre a los adolescentes en la planificación de los horarios y las actividades familiares. La posibilidad de opinar puede ayudarlos a sentirse respetados y más comprometidos.
Intente con estas opciones:
5. Regular
Apoye el desarrollo emocional de su hijo adolescente mostrándole formas saludables de manejar sus sentimientos y recordándole que ya cuenta con algunas estrategias útiles.
Los adolescentes solo pueden regular sus emociones cuando los adultos que los rodean también lo hacen. Aprenden observando cómo los adultos manejan el estrés, por lo que ser un buen modelo a seguir resulta de gran ayuda.
Antes de ayudar a su hijo adolescente a regular sus emociones, es importante que se evalúe a usted mismo. Si está tranquilo, ayuda a su hijo adolescente a calmarse también. Si las emociones empiezan a intensificarse, está bien hacer una pausa y retomar la conversación más tarde. Cuando esté preparado, escuche lo que su hijo adolescente necesita en ese momento, como espacio, consuelo o acompañamiento en silencio, y reconozca sus sentimientos sin juzgar.
Intente con estas opciones:
"Estoy aquí si necesitas un momento a solas o hacer una pausa. Solo tienes que decirme qué te haría bien en este momento".
"Cuando estoy estresado, me ayuda dar un paseo o hablar con alguien en quien confío. ¿A ti qué te ayuda?".
Cómo ayudar a su hijo adolescente a superar un trauma
La recuperación requiere tiempo, paciencia y conexión. En los momentos difíciles, intente ponerse en su lugar, hablar con calma y permanecer a su lado hasta que esté preparado para volver a conectarse con usted. Recuerde que las emociones intensas suelen ser un signo de estrés, no un rechazo personal.
Si le preocupa la salud mental de su hijo adolescente, hable con el pediatra. Podrá ayudarlo a encontrar apoyo y recursos adicionales.
El recurso gráfico de las "5 R" está pensado como un breve recordatorio para las familias. Usted y su hijo adolescente pueden elegir una idea para ponerla en práctica juntos. Los adolescentes también pueden compartir qué tipo de apoyo les resulta más útil. Los pediatras pueden recomendar a las familias utilizar las "5 R" para volver a vincularse y reconstruir la relación después de un acontecimiento estresante o traumático.
Más información
Christine Thang, MD, FAAP; Flor Arellano, MPH; Samantha Kucaj, PsyD; y Moira Szilagyi, MD, PhD, FAAP, contribuyeron con este artículo.