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Seguridad y Prevención

14 enfermedades que casi olvidamos gracias a las vacunas

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Por Mundeep Kainth, DO, MPH, FAAP

Las vacunas son uno de los mayores logros de la medicina. Gracias a ellas, en la actualidad prácticamente no hay registro de muchas de las enfermedades graves que solían afectar la salud, el crecimiento y el aprendizaje de los niños.

Sin embargo, en comunidades con tasas de vacunación bajas, se han observado brotes de enfermedades como el sarampión, las paperas y la tosferina.  Cuanta más gente reciba las vacunas que necesita, menos probabilidades habrá de que se propaguen de nuevo esas infecciones. 

La vacunación protege a su hijo de estas 14 enfermedades que alguna vez fueron comunes en los Estados Unidos.


1. Sarampión

El sarampión es uno de los virus más contagiosos del planeta: un niño con sarampión infectará a 9 de cada 10 personas de su entorno que no se hayan vacunado.

El sarampión puede hacer que algunos niños, especialmente los bebés, se enfermen gravemente. Incluso puede borrar la "memoria" del sistema inmunitario, dejándolo desprotegido para resistir otros gérmenes.

Como el sarampión todavía es una enfermedad común en otras partes del mundo, las personas que no están vacunadas pueden contagiarse al viajar y luego introducir el virus en los Estados Unidos.

La buena noticia es que la vacuna MMR (triple viral) le enseña al sistema inmunitario a reconocer y a resistir el sarampión. Dos dosis de esta vacuna tienen un 97 % de eficacia.

Se recomienda que los niños reciban la primera dosis al cumplir 1 año. A esa edad, los anticuerpos protectores que el bebé heredó de la madre ya han desaparecido. En cuanto a la segunda dosis, se recomienda administrarla cuando el niño tiene entre 4 y 6 años.

En algunos casos, los bebés de 6 a 12 meses pueden recibir la vacuna MMR. Hable con su pediatra si va a viajar al exterior con un bebé pequeño o si vive en una zona donde se ha detectado un brote de sarampión.

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2. Tos convulsa (tosferina)

¿Ha oído hablar de la "tos de los 100 días"? Así es como la gente llama a la tosferina (tos convulsa), porque ese es el tiempo que le puede durar la tos a su hijo si se contagia.

La tosferina es muy contagiosa. Se caracteriza por tener un sonido agudo, como un silbido, que los niños enfermos hacen al respirar con dificultad después de un ataque de tos.

Esta enfermedad puede ser especialmente grave para los bebés. Como sus vías respiratorias son tan pequeñas y sus pulmones están en desarrollo, les es más difícil resistir los constantes ataques de tos. Pueden tener serias dificultades para respirar.

Además, los recién nacidos son muy pequeños para ser vacunados y por eso tienen un riesgo más alto de enfermarse. Alrededor de un tercio de los bebés menores de 6 meses que contraen tos convulsa requieren atención hospitalaria.

El sistema inmunitario de su hijo necesita cinco dosis de la vacuna DTaP para protegerse de la tosferina. Se deben administrar entre el primer y el segundo mes, a los 4 meses, a los 6 meses, entre los 15 y 18 meses y entre los 4 y 6 años.

Las mujeres embarazadas pueden transmitirles cierta protección a sus bebés antes de nacer si reciben la vacuna Tdap.

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3. Paperas

Las paperas son una enfermedad viral. Causan una inflamación inusual en las mejillas y la mandíbula. Esto ocurre porque las glándulas salivales (encargadas de producir la saliva) se inflaman y eso cambia el aspecto del rostro del niño.

El virus se propaga fácilmente a través de pequeñas gotas de saliva que se expulsan al toser o estornudar.

Cuando los niños contraen paperas, algunos solo tienen síntomas leves, pero otros pueden sentirse bastante enfermos. Los síntomas incluyen fiebre, dolores corporales y cansancio. Además, las paperas pueden provocar meningitis (inflamación del cerebro y de la médula espinal), sordera e infertilidad.

La vacuna contra las paperas se volvió parte de la vacuna combinada MMR (triple viral) en 1989 en los EE. UU. Tuvo tan buen resultado que, para el año 1999, solo uno en un millón de niños contraía la enfermedad. Lamentablemente, en los últimos años se ha registrado un aumento de casos. Se han presentado brotes de paperas después de que los niños estuvieran expuestos al virus en la escuela o en equipos deportivos.

No hay forma de saber qué tan grave será la enfermedad para su hijo o si tendrá complicaciones. Por este motivo, la prevención es fundamental. La vacuna MMR le enseña al sistema inmunitario de su hijo a reconocer el virus de las paperas y defenderse de él, así como del virus del sarampión y de la rubéola.

Para estar protegido, su hijo necesita recibir una dosis entre los 12 y 15 meses de edad y otra dosis, entre los 4 y 6 años de edad.

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4. Varicela

La varicela solía causar mucho sufrimiento, además de ausencias de una semana o más a la guardería o la escuela. En muchos casos, las infecciones causadas por varicela también se propagaban a los pulmones o al cerebro, provocando otras enfermedades graves.

Antes de que existiera la vacuna, la mayoría de los niños contraía varicela antes de cumplir 9 años. Desde que la vacuna estuvo disponible en 1995 en EE. UU., la cantidad de casos de infección disminuyó en un 97 %.

Los niños con varicela suelen tener fiebre, dolor de cabeza, cansancio y cientos de ampollas que causan picazón. Cuando los niños se rascan las ampollas, las bacterias en sus dedos o uñas pueden entrar en la sangre. Esto puede hacer que los niños se enfermen gravemente y necesiten ser hospitalizados o tratados en la unidad de cuidados intensivos.

Cuando un niño contrae varicela a temprana edad, es más probable que desarrolle una enfermedad dolorosa llamada culebrilla en su vida adulta. Esto sucede porque, una vez que el niño se infecta, el virus permanece en el cuerpo para siempre.

Dos dosis de la vacuna (la primera entre los 12 y 15 meses, y la segunda entre los 4 y 6 años) le enseñan al sistema inmunitario de su hijo a reconocer el virus de la varicela y defenderse de él de por vida.

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5. Polio

La vacuna contra la polio (poliomielitis) cambió la vida de millones de niños. Antes de que la vacuna fuera creada, en 1955, la polio causaba discapacidad física o parálisis en miles de niños cada año. Este virus puede afectar los músculos, la médula espinal y el cerebro.

Los padres temían que actividades cotidianas como ir a fiestas de cumpleaños, nadar en las piscinas públicas o ir al cine, no fueran seguras. El virus es sumamente contagioso.

Gracias a las vacunas, en la actualidad la polio es una enfermedad rara. La vacunación evita que los niños se infecten con el virus. Las cuatro dosis de la vacuna contra el poliovirus inactivado (IPV) le enseñan al sistema inmunitario de su hijo a reconocer el virus de la polio y a defenderse de él. El ritmo de vacunación recomendado es el siguiente: a los 2 meses, a los 4 meses, entre los 6 y 18 meses, y entre los 4 y 6 años.

Aun así, una sola persona infectada puede provocar un brote si las personas que la rodean no están vacunadas.

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6. Tétanos

El tétanos es una infección grave causada por bacterias que viven de manera natural en el suelo o el polvo. Su hijo puede estar expuesto a esta enfermedad a través de cualquier herida en la piel, como un corte superficial o uno profundo. El tétanos produce una toxina que causa espasmos musculares dolorosos.

Otro nombre para el tétanos es "trismo", porque puede hacer que los músculos de la mandíbula y del cuello se tensen y se pongan rígidos. Estos músculos pueden trabarse, lo que dificulta o incluso imposibilita abrir la boca, tragar o mover el cuello con normalidad.

Desde que comenzó la vacunación infantil sistemática a finales de la década de 1940, los casos de tétanos en los Estados Unidos han disminuido en más de un 95 %.

Debido a que las bacterias que causan el tétanos están a nuestro alrededor en el medio ambiente, es imposible eliminarlas por completo. Además, los niños suelen hacerse cortes o heridas abiertas con frecuencia. Por eso, la vacuna contra el tétanos es la mejor manera de evitar que contraigan esta infección.

La vacuna DTaP le enseña al sistema inmunitario de su hijo a defenderse del tétanos, además de la difteria y la tosferina. Para estar protegido, su hijo necesita cinco dosis, que se deben administrar a los 2 meses, a los 4 meses, a los 6 meses, entre los 15 y 18 meses, y entre los 4 y 6 años de edad. También necesitará una versión ligeramente diferente de la vacuna, llamada Tdap, entre los 11 y 12 años.

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7. Gripe (influenza)

La influenza o gripe es un virus respiratorio que los niños pueden contraer fácilmente.

El contagio se produce cuando una persona infectada tose o estornuda y otra persona respira el virus. También ocurre cuando una persona toca una superficie contaminada y luego se lleva un dedo a la boca o la nariz.

La gripe es algo más que un simple resfriado fuerte. La mayoría de las personas que contraen esta enfermedad deben quedarse en su casa durante más o menos una semana, pero otras deben ser hospitalizadas. La gripe puede ser grave para los niños menores de 5 años o para aquellos con afecciones como asma o diabetes.

En las últimas décadas, las vacunas contra la gripe han ayudado a salvar cientos de miles de vidas en los Estados Unidos.

Una vacuna anual contra la influenza, comenzando a los 6 meses de edad, ayuda al sistema inmunitario de su hijo a reconocer el virus y a resistirlo. De esta manera, se evita que los niños se enfermen al punto que deban ir a la sala de emergencias o al hospital. Gracias a la vacuna, pueden ir a la escuela, jugar con sus amigos y hacer las actividades que disfrutan de manera segura.

Es importante saber que los bebés menores de 6 meses no están listos para recibir la vacuna contra la gripe. Por eso todas las personas que los rodean deben estar vacunadas. Los niños menores de 9 años que reciben la vacuna contra la gripe por primera vez necesitan dos dosis, administradas con 4 semanas de diferencia, para ayudar a reforzar su inmunidad.

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8. Hepatitis B

Para proteger a la mayor cantidad de personas posible, todo bebé recién nacido debería recibir la vacuna contra la hepatitis B de inmediato. Si una madre tiene hepatitis B, puede transmitírsela a su bebé durante el parto.

Muchas personas con hepatitis B no saben que están infectadas hasta que tienen problemas graves en el hígado más adelante en la vida. Por eso, un bebé recién nacido debe recibir la vacuna inmediatamente después del nacimiento, incluso si la madre obtuvo un resultado negativo en la prueba de hepatitis B anteriormente.

Los niños pequeños también pueden contraer hepatitis B de otras maneras. Por ejemplo, pueden contagiarse a través del contacto casual con una persona infectada en la guardería. El virus puede provocar una enfermedad hepática crónica o incluso cáncer, por lo que prevenir la infección es muy importante.

Las dosis de la vacuna contra la hepatitis B administradas al nacer han reducido las infecciones en niños y adolescentes de los Estados Unidos en un 99 %.

La vacuna contra la hepatitis B le enseña al sistema inmunitario de su hijo a reconocer el virus y a resistirlo. Su bebé recién nacido necesita una dosis dentro de las primeras 24 horas después del nacimiento, una segunda dosis entre el primer y segundo mes de edad, y otra entre los 6 y 18 meses de edad.

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9. Hepatitis A

La vacuna contra la hepatitis A se desarrolló en 1995. Desde entonces, la cantidad de casos se ha reducido drásticamente en los Estados Unidos.

La hepatitis A se transmite a través de la contaminación con materia fecal (caca o popó) en las manos o en los alimentos. Los bebés pueden transmitir la enfermedad a los cuidadores no vacunados durante el cambio de pañales. También puede haber contagio si una persona infectada no se lava las manos. La hepatitis A puede hacer que toda su familia se enferme durante semanas con vómitos, diarrea y dolor de estómago.

Dos dosis de la vacuna contra la hepatitis A (entre los 12 y 23 meses de edad, y nuevamente seis meses después) le enseñan al sistema inmunitario de su hijo a reconocer el virus de la hepatitis A y a resistirlo.

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10. Rubéola

Algunas personas le dicen "sarampión alemán" a la rubéola, pero el virus que la causa es diferente al del sarampión. Se propaga a través de la tos o los estornudos de una persona infectada.

Hoy en día y gracias a la vacuna MMR (triple viral contra el sarampión, las paperas y la rubéola), la rubéola es una enfermedad rara en los Estados Unidos. Sin embargo, los viajeros aún pueden introducirla al país y contagiar a personas que no están vacunadas. La rubéola es especialmente peligrosa para las mujeres embarazadas. Una mujer embarazada que contrae rubéola podría tener un aborto espontáneo. El bebé podría nacer de forma prematura o con graves defectos de nacimiento.

Si usted no está vacunada (o no está segura de estarlo), es importante que se vacune al menos un mes antes de quedar embarazada.

Dos dosis de la vacuna le enseñan al sistema inmunitario de su hijo a reaccionar contra el virus de la rubéola. La primera dosis se administra entre los 12 y 15 meses de edad (por lo general, como parte de la vacuna MMR). La segunda dosis se administra entre los 4 y 6 años o antes de comenzar la escuela, y puede formar parte de la vacuna MMRV, que también brinda protección contra la varicela.

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11. Hib

Gracias a las vacunas, no muchas personas están familiarizadas con la enfermedad causada por Haemophilus influenzae tipo b, o Hib. Esta infección afecta principalmente a niños menores de 5 años.

La bacteria Hib causa algunas enfermedades leves, como otitis o bronquitis. Sin embargo, también provoca otras enfermedades que pueden ser muy graves, como la meningitis o la epiglotitis.

La epiglotitis es una inflamación de la garganta que ocasiona dificultad para tragar o respirar. Los niños con infecciones graves causadas por Hib deben ser hospitalizados.

Antes de que la vacuna estuviera disponible, el germen que causa la infección por Hib enfermaba a miles de niños cada año. En aquel entonces, era la causa principal de meningitis bacteriana en la población infantil.

En la actualidad, la vacuna contra la bacteria Hib es una de las primeras vacunas que los bebés reciben. Cuatro dosis (a los 2, 4, 6 meses, y entre los 12 y 15 meses de edad) le enseñarán al sistema inmunitario de su hijo a reconocer la bacteria Hib y a resistirla.

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12. Enfermedad neumocócica

La bacteria del neumococo es la causa más común de otitis en bebés y niños pequeños. También puede provocar infecciones graves en los pulmones (neumonía), el cerebro y la médula espinal (meningitis) o en la sangre.

En el pasado, algunos antibióticos eran eficaces para combatir estas infecciones, pero han dejado de serlo porque las bacterias se han vuelto resistentes a ellos. Esto hace que sea aún más importante prevenir las infecciones mediante la vacuna antineumocócica (PCV). Así se evita que los bebés se enfermen o necesiten antibióticos.

Cuatro dosis de esta vacuna (a los 2, 4, 6 meses, y entre los 12 y 15 meses de edad) le enseñan al sistema inmunitario de su hijo a reconocer y resistir la bacteria del neumococo.

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13. Rotavirus

El rotavirus puede hacer que tanto los bebés como sus cuidadores se enfermen gravemente. Esta enfermedad se propaga con facilidad y causa fiebre, diarrea, vómitos y dolor de estómago intensos.

Aunque no todos los casos son graves, su hijo puede sentirse muy enfermo de tres a ocho días. Además, existe el riesgo de deshidratación, por lo que podría necesitar ser tratado en un hospital.

Desde que comenzó la vacunación sistemática contra el rotavirus a mediados de la década de 2000 en EE. UU., las visitas al hospital y los casos graves de rotavirus han disminuido considerablemente. En la actualidad, la mayoría de los padres nunca llegan a ver las formas más graves de esta enfermedad.

La vacuna contra el rotavirus (RV) se administra en forma de gotas en la boca del bebé. No requiere inyecciones. El sistema inmunitario de su bebé estará listo para recibirla alrededor de los 2, 4 y 6 meses de edad.

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14. Difteria

La difteria es una infección bacteriana peligrosa que prácticamente ya no ocurre en los Estados Unidos. Esto se debe a la vacuna DTaP (contra difteria, tétanos y tosferina).

La difteria puede formar una capa gruesa de tejido en la parte posterior de la nariz o la garganta que genera dificultades para respirar o tragar. La difteria también puede provocar insuficiencia cardíaca o parálisis.

Antes de que la vacuna estuviera disponible, uno de cada cinco niños que contraían difteria moría.

La vacunación a tiempo evita que la difteria vuelva a aparecer. Cinco dosis de la vacuna DTaP le enseñan al sistema inmunitario de su hijo a reconocerla y a resistirla.

Este es el ritmo de vacunación recomendado: a los 2, 4 y 6 meses, entre los 15 y 18 meses, y entre los 4 y 6 años. Su hijo también necesita recibir una versión ligeramente diferente de la vacuna, llamada Tdap, entre los 11 y 12 años.

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Hemorragia por deficiencia de vitamina K (VKDB)

A unas pocas horas del nacimiento, su hijo recibirá una inyección de vitamina K. No es una vacuna, pero ayuda a prevenir un trastorno hemorrágico peligroso que se llama VKDB, por sus siglas en inglés.

Los médicos sabían de la existencia del VKDB desde antes de comenzar a administrar vitamina K a los bebés recién nacidos a principios de la década de 1960. Bebés que parecían sanos al nacer sufrían hemorragias internas graves días o incluso semanas después del nacimiento.

Cuando nacen, los bebés tienen muy poca vitamina K en el organismo. Esta vitamina es necesaria para evitar la formación de coágulos de sangre. Los bebés recién nacidos que no reciben vitamina K tienen 81 veces más probabilidades de sufrir hemorragias en el cerebro o los intestinos. Las hemorragias internas pueden ocasionar complicaciones graves o la muerte.

La leche materna no le da al bebé la cantidad de vitamina K que necesita. En cambio, la inyección le da la cantidad adecuada para sus primeros meses de vida, hasta que pueda obtener más a través de alimentos sólidos. Es fundamental ayudar al bebé a obtener esta importante vitamina.

Recuerde

Durante décadas, las vacunas contra estas 14 enfermedades han ayudado a los niños a jugar, aprender y crecer libremente sin temor a enfermarse. Si queremos que estas infecciones queden definitivamente en el pasado, debemos vacunar a nuestros hijos.

Los pediatras están preparados para responder todas las dudas e inquietudes que usted tenga. Tienen el conocimiento y la experiencia para convertirse en buenos aliados. Con la ayuda de estos profesionales, usted puede tomar las decisiones informadas sobre la salud de su hijo.


Más información


Acerca de la Dra. Kainth



Mundeep Kainth, DO, MPH, FAAP, es médica especialista en enfermedades infecciosas pediátricas en el Northwell Health Cohen Children’s Medical Center. Allí trabaja como directora médica del Programa de Administración de Antimicrobianos (Antimicrobial Stewardship Program). La Dra. Kainth es miembro de la Sección de Enfermedades Infecciosas de la American Academy of Pediatrics.



Última actualización
7/10/2026
Fuente
American Academy of Pediatrics Section on Infectious Diseases (Copyright © 2026)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.