Por Robert W. Frenck, Jr., MD, FAAP
Sí. Las vacunas son seguras para los niños, y se someten a rigurosas pruebas y controles.
La mayoría de los temores respecto a las vacunas provienen de la desinformación y no de la ciencia. Continúe leyendo para descubrir por qué no debe confiar en los rumores que circulan en Internet, y conocer la verdad detrás de los mitos más populares sobre las vacunas.
Es natural buscar orientación en Internet para tomar decisiones importantes sobre la salud de su hijo. Como padre o madre, es lógico que quiera entender cuáles son los riesgos y los beneficios de las vacunas pediátricas. Lamentablemente, hay tanta información en línea que los resultados de las búsquedas suelen mezclar rumores, verdades a medias y muy pocos recursos confiables y respaldados por la ciencia.
La información sobre las vacunas que los padres encuentran en Internet suele ser falsa y alarmante. Esto puede hacer que los padres duden de los datos concretos que les da su pediatra y aleja a las familias de vacunas que han mantenido a los niños sanos durante décadas. ¿Cómo navegar este mar de desinformación?
¿Por qué se difunde tan fácilmente la desinformación sobre las vacunas en internet?
Los rumores sobre las vacunas no se verifican antes de difundirse
Verificar los datos significa confirmar que la información sea verdadera, es decir, se analiza quién la creó y compartió, por qué la publicó y qué evidencia tiene para respaldarla.
También implica revisar qué han opinado los expertos de confianza sobre ese tema.
La mayor parte de la información sobre vacunas que alerta a los padres no ha sido verificada. Eso significa que nadie comprobó el origen de los datos ni si estos eran verdaderos antes de publicarlos.
Por esta razón, los rumores que circulan en internet sobre las vacunas no son una fuente confiable de información para tomar decisiones sobre la vacunación de sus hijos.
Las publicaciones parecen auténticas, pero no lo son
En muchos casos, las publicaciones que contienen información falsa sobre las vacunas parecen auténticas. Utilizan imágenes atractivas y la información parece provenir de personas con un gran conocimiento en el tema.
Quienes realizan estas publicaciones pueden afirmar que son médicos o asegurar que están publicando "lo que dicen los médicos". Sin embargo, que digan ser médicos o hablen de estudios no significa que realmente sepan sobre las vacunas. Esto no reemplaza el conocimiento que tienen los verdaderos expertos en salud y vacunación.
Algunas personas afirman pertenecer a organismos cuyos nombres hacen referencia a la ciencia o la medicina. No obstante, en la mayoría de los casos, ninguna de estas agrupaciones cuenta con médicos certificados ni con científicos calificados entre sus miembros.
La información falsa también puede ser visualmente atractiva. Las publicaciones bien diseñadas, con imágenes o videos que captan nuestra atención, pueden ser engañosas o completamente erróneas.
Los algoritmos fomentan las reacciones emocionales
Los algoritmos de las redes sociales están diseñados para captar la atención de las personas y mantenerlas involucradas el mayor tiempo posible. Fomentan el acceso a publicaciones que resultan atractivas para mucha gente y generan reacciones fuertes. Por lo general, se trata de publicaciones que despiertan temor o indignación, en lugar de interés por los datos.
Cuando usted hace clic en una publicación engañosa e interactúa con ella al menos una vez, es muy probable que la plataforma le muestre más contenido similar. Con el tiempo, usted puede verse arrastrado hacia un "callejón sin salida" de desinformación sin siquiera darse cuenta.
Quizás le sorprenda saber que el contenido "antivacunas" en las plataformas de las redes sociales fue creado por un grupo muy reducido de apenas 12 personas. En un informe de 2021, el
Centro para Contrarrestar el Odio Digital (CCHD, por sus siglas en inglés) descubrió que este grupo diminuto, al que apodó
"la docena de la desinformación", creó aproximadamente dos tercios de las publicaciones y los mensajes antivacunas. Estas 12 personas difundieron información engañosa para llamar la atención y dirigir el tráfico hacia sus propios sitios web, en lugar de ayudar a los padres a tomar decisiones fundamentadas.
Mitos comunes sobre las vacunas y datos concretos que los desmienten
Con el paso de los años, muchos mitos sobre las vacunas han circulado por internet. A continuación, echaremos un vistazo a algunos de los más populares: de dónde surgieron y por qué no son ciertos.
Las vacunas y el trastorno del espectro autista (TEA)
¿Cómo empezó el mito?
En la década de 1990, un médico del Reino Unido publicó un estudio realizado solamente con 12 niños, en el que afirmaba que la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR) causaba autismo. Poco después, los científicos descubrieron que el estudio no se había hecho bien y se basaba en información falsa. La revista médica desmintió (retractó) el estudio, y los expertos coincidieron en que los hallazgos no eran confiables. A partir de lo sucedido, este médico perdió su licencia para ejercer la medicina.
Desde ese momento, muchos estudios a gran escala, realizados en todo el mundo, han demostrado que la vacuna MMR no causa autismo. Aun así, muchos padres se sintieron alarmados y esto disminuyó la tasa de vacunación infantil.
El sarampión se erradicó de los Estados Unidos en el año 2000, después de que millones de niños recibieron la vacuna. Luego de que el estudio falso propagara el temor, las tasas de vacunación bajaron y volvieron a aparecer casos de sarampión. En la actualidad, se han vuelto a producir
brotes de sarampión en los Estados Unidos con cierta frecuencia, por lo que ya no se podría decir que la enfermedad está completamente erradicada.
¿Por qué este mito sigue siendo popular?
Algunas personas consideran que la enfermedad inflamatoria intestinal desencadenada por la vacuna MMR causa autismo. Esta idea proviene del artículo falso original por el cual se gestó el mito.
Muchas publicaciones antivacunas en las redes sociales presentan esto como un dato real, a pesar de que se ha demostrado que es falso. Esas publicaciones ignoran que los científicos determinaron que el artículo era incorrecto, y que hay cientos de estudios que demuestran la seguridad de la vacuna MMR.
Otras personas consideran que la vacuna MMR causa autismo porque se aplica a los niños aproximadamente al mismo tiempo en que se suele detectar y diagnosticar el TEA, entre los 18 y los 30 meses de edad. Confunden la causa con la coincidencia.
¿Cuáles son los datos que respaldan esta información?
Solo porque dos cosas ocurren al mismo tiempo o una ocurre después de la otra, no siempre significa que una sea consecuencia de la otra. Según la evidencia, se demuestra cada vez más que aun cuando los signos de autismo se manifiestan aproximadamente al mismo tiempo en que los niños reciben la vacuna MMR, el autismo se origina antes del nacimiento.
Los investigadores estudiaron concienzudamente y durante muchos años la posibilidad de que existiese una relación entre la vacuna MMR y el autismo. Determinaron que la vacuna MMR no causa autismo. También descubrieron que la vacuna contra el sarampión no causa enfermedad inflamatoria intestinal.
Las vacunas y el timerosal o mercurio
¿Cómo empezó el mito?
El timerosal es un conservante que evita la proliferación de gérmenes en los envases de algunas vacunas. Contiene un tipo de mercurio, pero no es la clase de mercurio que daña la salud.
El mito comenzó con la confusión entre dos tipos diferentes de mercurio: el metilmercurio y el etilmercurio. El timerosal contiene etilmercurio, un tipo de mercurio que no permanece en el organismo, pero no contiene metilmercurio, que es la clase de mercurio que sí permanece en el organismo y causa enfermedades.
El contenido antivacunas que circula en internet ha popularizado la idea de que el timerosal en las vacunas causa daño neurológico en los niños.
¿Por qué este mito sigue siendo popular?
Muchas personas saben que el mercurio que hay en algunos pescados puede ser perjudicial, por eso cuando escuchan hablar del mercurio en las vacunas, piensan que se trata de la misma sustancia.
Las publicaciones antivacunas en las redes sociales ignoran la diferencia entre el mercurio que puede enfermarnos y el mercurio de las vacunas, que no es dañino.
Suelen ignorar esta diferencia y utilizan imágenes o historias alarmantes para obtener una respuesta emocional.
¿Cuáles son los datos que respaldan esta información?
El mercurio está presente en la naturaleza que nos rodea, en el aire, el suelo y el agua. Hay dos tipos diferentes de mercurio: el metilmercurio y el etilmercurio.
El timerosal contiene etilmercurio. El organismo procesa y elimina rápidamente este tipo de mercurio. No se acumula en el organismo y por eso no genera ningún malestar.
El timerosal solía usarse en muchas más vacunas, pero desde 2001 solo se emplea en algunas vacunas contra la gripe (en menos del 4 %). Los pediatras prácticamente han dejado de usar la vacuna contra la gripe que contiene timerosal.
Los padres pueden preguntar si la vacuna contra la gripe que recibirá su hijo contiene timerosal, pero deben tener en cuenta que la mayoría de los pediatras ya no recomienda ese tipo de vacunas. Así que la respuesta que recibirán muy probablemente será que la vacuna que su hijo recibirá no contiene timerosal.
Cientos de estudios han confirmado que el timerosal nunca ocasionó problemas neurológicos. Ni antes, cuando se lo podía encontrar en muchas más vacunas, ni ahora, cuando solo una lo contiene.
Recibir muchas vacunas en poco tiempo
¿Cómo empezó el mito?
Algunos padres se preocupan porque piensan que recibir varias vacunas en una sola visita es demasiado para el organismo de su hijo. Esta idea viene de la creencia de que las vacunas funcionan como los medicamentos, donde una dosis excesiva puede provocar daños.
¿Por qué este mito sigue siendo popular?
Ver que el bebé recibe varias inyecciones en una sola visita puede resultar abrumador. Las publicaciones antivacunas en redes sociales suelen aprovechar este temor para afirmar que las vacunas sobrecargan el sistema inmunitario del niño, a pesar de que la evidencia demuestra lo contrario.
¿Cuáles son los datos que respaldan esta información?
El sistema inmunitario es fuerte y está en constante aprendizaje. Todos los días entra en contacto con miles de gérmenes mientras el niño come, respira y juega. La cantidad de gérmenes que contienen las vacunas es muy pequeña en comparación con la que los niños se encuentran a diario. Recibir más de una vacuna a la vez no debilita el sistema inmunitario, al contrario, ayuda a proteger a los niños más pronto y sin necesidad de muchas visitas al médico.
Vacunas y el SMSL
¿Cómo empezó el mito?
Los bebés reciben muchas de sus primeras vacunas entre los 2 y los 4 meses de edad. Esta también es la edad en la que el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) es más común. Dada esta coincidencia temporal, algunas personas creen que las vacunas podrían causar el SMSL.
¿Por qué este mito sigue siendo popular?
Cuando algo grave sucede después de aplicar una vacuna, puede generar miedo y confusión. Las publicaciones en redes sociales suelen poner el foco en la coincidencia temporal únicamente e ignorar la evidencia científica.
¿Cuáles son los datos que respaldan esta información?
Aún no hay suficiente información sobre el SMSL, pero algo que se sabe con certeza gracias a los estudios científicos es que las vacunas no causan el SMSL. De hecho, los bebés vacunados presentan un riesgo más bajo de SMSL.
Para ayudar a prevenir el SMSL, la American Academy of Pediatrics recomienda prácticas de sueño seguro, como acostar a los bebés boca arriba sobre una superficie firme y libre de objetos.
Recuerde
Cuando revise información sobre las vacunas para su hijo, asegúrese de verificar la fuente. Tenga un alto nivel de sospecha si no reconoce ni confía en la fuente original del contenido.
Además, siempre puede verificar la información ingresando a fuentes confiables como HealthyChildren.org o AAP.org, y consultando con el pediatra de su hijo.
Más información
Acerca del Dr. Frenck
Robert W. Frenck Jr., MD, FAAP, cuenta con certificado de especialidad en Pediatría y Enfermedades infecciosas pediátricas, y es miembro de la Sección de Enfermedades Infecciosas de la AAP. Trabaja en el Cincinnati Children's Hospital Medical Center y es profesor de Pediatría en la University of Cincinnati.