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Vida Sana

Algunos niños en edad escolar no pueden esperar a llegar a casa de la escuela, colocarse en el sillón y pasar el resto de la tarde y noche viendo televisión. La actividad física simplemente no está en sus pantallas del radar, por lo menos no por elección.

No es de sorprender que los niños que se encuentran en este perfil puedan estar en una pendiente resbalosa hacia una vida de obesidad. Hay muchos de ellos. Hace muchos años, cuando un grupo de niños de 6 a 12 años de edad participaron en programas del Consejo sobre acondicionamiento físico del Presidente, solo 50% de las niñas y 64% de los niños podían caminar o correr una milla en menos de 10 minutos. Si realizáramos ese mismo estudio en la actualidad, cuando la epidemia de obesidad parece estar ganando impulso, esas estadísticas podrían ser aún más problemáticas.

Durante los años de edad escolar de su hijo, su objetivo no solo será hacer que su niño se mueva, sino convertir el ejercicio en un hábito para toda la vida. Hay muchas oportunidades para que su hijo se mantenga activo. En la mayoría de comunidades, los niños dentro de este grupo de edades pueden elegir participar en diferentes deportes organizados, incluyendo la Pequeña liga, soccer infantil, una clase de artes marciales, o ligas comunitarias de básquetbol, hockey o fútbol. Los deportes en equipo son divertidos y se adaptan perfectamente para muchos jóvenes, y pueden ayudarlos a controlar su peso.

Sin embargo, las actividades en grupo como estas no son para todos. Algunos niños obesos se sienten avergonzados de participar en equipos deportivos y se sienten mucho más cómodos al hacer ejercicio en entornos no estructurados. Para ellos, el juego libre en el parque de recreo, patinar en hielo, el patinaje en línea, los bolos, o incluso correr por los aspersores de agua es un buen ejercicio. Deje que su hijo elija algo que disfrute y una vez que lo descubra, motívelo a hacerlo una parte regular de su vida. Al mismo tiempo, limite el tiempo para ver televisión o el tiempo que pasa en la computadora o jugando videojuegos a no más de 1 a 2 horas al día. Los estudios han demostrado que mientras más tiempo dedican los niños a ver televisión, más probabilidades tienen de comer alimentos como pizza, bocadillos salados y gaseosas que contribuyen a aumentar de peso.

¿Qué pasa si su hijo insiste en que no desea hacer ninguna actividad física? Explíquele que es importante y que incluso podría ser divertido encontrar una nueva actividad. Intente buscar actividades que se adapten al presupuesto familiar y compromisos de tiempo y pídale que elija entre varias alternativas.

Algunos niños podrían preferir ir con un amigo o uno de sus padres. Sea creativo y haga énfasis en la participación, no solo la competencia. Para ayudar a que su hijo en edad escolar se vuelva físicamente activo, reclute a toda la familia para que participen. Hágale saber a su hijo con sobrepeso que todos ustedes, padres y hermanos por igual, están de su lado e incluso si él ha hecho poco ejercicio antes, ahora puede empezar con el apoyo de toda la familia. Salgan a pasear en bicicleta como familia (todos deben usar un casco). Naden juntos en Y. Salgan a dar caminatas. Aprendan a hacer esquí a campo traviesa. Inscríbanse para recibir lecciones de golf.

Incluso pueden hacer actividades de la vida cotidiana, como las tareas del hogar. Pasen las tardes del sábado limpiando la casa o recogiendo las hojas del jardín. Sin importar lo que elija, las actividades regulares no solo queman calorías, sino que también fortalecen el sistema cardiovascular del niño, crea huesos y músculos fuertes y aumenta la flexibilidad. También pueden disipar el estrés, ayudarle a aprender el trabajo en equipo y el espíritu deportivo, aumentar su autoestima y mejorar su sentido general de bienestar.

 

Última actualización
5/19/2013
Fuente
A Parent's Guide to Childhood Obesity: A Road Map to Health (Copyright © 2006 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.